2023-09-21

El dolor de una ausencia que crece y se sufre todos los días

Perder una hija o un hijo es uno de los dolores más atroces que debe tener que atravesar cualquier persona. Que esa pérdida tenga origen en un asesinato planificado y perpetrado con la brutalidad con que mataron a Agustina Fernández, debe ser un calvario. Y así lo vive la mamá, Silvana Cappello.

¿Cómo graficar esa angustia y ese vacío? En su red social de Facebook, la mujer simplemente subió una captura de pantalla de un diálogo que había mantenido con su hija algunos meses antes de su muerte. “Sos mi orgullo”, le había escrito Silvana. “Te amo ma, gracias”, respondía la adolescente.

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En la introducción, Silvana escribió: “Nos dejaste un vacío sin fondo, un dolor que no se soporta, un último abrazo y el no poder despedirnos de vos, ojalá sea un hasta LUEGO, te amo mi vida, te extraño”.

En la ausencia de esos pequeños gestos cotidianos, en esos diálogos breves que marcaban la relación de madre e hija, es donde se nota la tragedia que atraviesa sus vidas.

Agustina llegó a Cipolletti para estudiar medicina en la Universidad del Comahue. Sus papás creían que Buenos Aires era demasiado peligrosa, y nuestra ciudad le sumaba la proximidad y cierta facilidad para viajar. Alquilaron un departamento en un complejo ubicado en el barrio Sillón Encantado, sobre la calle colectora de Circunvalación.

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El 2 de julio del año pasado la encontraron tirada en el piso, convulsionando y con terribles heridas en su cabeza. Luego de tres días de agonía, falleció en el Hospital Pedro Moguillansky. Por el femicidio, está detenido a la espera del juicio un supuesto amigo, Pablo Damián Parra.

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