Las estrategias de los comercios de barrio para sobrevivir en la crisis
El proceso inflacionario que atraviesa a todo el país obliga a los argentinos a ir modificando pautas de años para poder sobrevivir. “El que no se adapta, a la corta o a la larga tiene que cerrar”, razonó con una mezcla de escepticismo e ironía un veterano comerciante del barrio Almirante Brown. “Hoy el problema es reponer la mercadería, y eso alcanza a encontrar un precio de venta que nos alcance a todos”, enfatizó el dueño de una despensa en el Villarino.
La corrida cambiaria de la semana que está terminando terminó de complicar la situación, que para muchos pequeños comerciantes de la ciudad ya era difícil. “Durante la crisis, hay que agudizar la imaginación”, precisaron. Y así se han agudizado algunas tendencias. Por ejemplo, siempre fue una tentación comprar una parte de la mercadería “en negro” para financiarse con los impuestos que no se pagan.
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En la actualidad, son muchos los proveedores que “ofrecen” la alternativa de entregar una parte de la mercadería sin factura. Pero eso sí: pago al contado y efectivo. Esta es una modalidad que se ve mucho en el rubro alimentos y bebidas.
Hay otro tipo de “ahorros” que con paciencia e ingenio van incorporándose a la pauta cultural local. Un buen ejemplo es el de los comercios “sin local”, a puertas cerradas. Lo que había comenzado como un recurso de la “venta callejera”, terminó convirtiéndose en una salida concreta para los emprendedores que quieren seguir en la actividad pero a los que intimida el costo de mantener un negocio abierto.
“El alquiler, los exhibidores, la luz y todos los impuestos que se te ocurran. Ahora vendo desde mi casa y no tengo ningún problema”, dijo una mujer dedicada a la venta de lencería. Entre los cambios culturales que produjo la pandemia, puede anotarse el uso de las redes sociales con fines comerciales.
“Con un sitio bien armado puedo exhibir mi mercadería y ser más competitivo que si tengo un local en el centro”, explicó otro comerciante que se dedica al rubro de la bisutería.
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Pero también están los que utilizan este recurso para burlar otros controles. Si hace unos años los vendedores de bebidas alcohólicas sin habilitación lo hacían a través de una reja del portón o la ventana de su casa, hoy se han modernizado. Las redes sociales sirven para tener una visibilidad, y un delivery puede realizar el reparto.
La producción de alimentos elaborados es otro tema conflictivo: con la crisis, muchas familias comenzaron a vender pan casero, pizzas, hamburguesas, sándwiches de milanesa y empanadas, entre otros productos. Pero sin contar con el control y mucho menos el aval de Bromatología municipal.
La fabricación de milanesas, la distribución y la venta minorista es otro rubro complicado. “Hay cuatro distribuidoras legales, que realizan la entrega con vehículos habilitados. El resto, mejor no preguntes en qué condiciones lo hace”, precisaron fuentes del sector.