A qué se dedican en la actualidad los cuatro imputados por el crimen de Otoño
En 2006, los cuatro imputados por el crimen de Otoño Uriarte ya no eran niños. Se comportaban como una “banda” de jóvenes que por lo que recordaron algunos testigos, se dedicaban a importunar a los vecinos. Tampoco demasiado; nunca fueron denunciados. Pero lo que sí quedó claro es que molestaban especialmente a la adolescente que luego fue víctima del secuestro y homicidio.
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En ese entonces, la zona que compartía la pequeña comunidad era un sector sub rural de Fernández Oro, limítrofe entre las últimas urbanizaciones del pueblo que comenzaba a estirarse y las chacras más cercanas a la ruta chica.
José Jafri tenía 23 años y Néstor Cau, 26. Son hermanos. El mayor lleva el apellido de su madre; el menor, fue producto de una relación posterior de la mujer. Ambos tienen una hermana, Victoria, que era amiga de Otoño y formaba parte del grupo de chicas que solía reunirse en el barrio.
“Los hermanos de la Vicky la tenían cansada con las cosas que le decían”, expresaron Leyre Segovia y Ercilia Zarrabeitía, compañeras de escuela de Otoño.
Los dos siguen viviendo en Fernández Oro. Jafri – que hoy tiene 41 años -, es mecánico; Cau – de 44 -, declaró ser vendedor.
Antilaf, custodiado por dos agentes del SPR, con su abogado, Carlos Vila. Foto: Silvina Ojeda.
Germán Antilaf era el mayor del grupo. Ya cargaba con 29 años en la época investigada y andaba dando vueltas por la vida, buscando una oportunidad. Es el único que tiene un antecedente penal: está cumpliendo una condena por robo calificado en el penal de General Roca y todos los días un móvil del Servicio Penitenciario lo trae hasta Cipolletti y lo lleva de regreso.
Hoy tiene 47 años y una familia compuesta por esposa e hijo, que están radicados en el barrio La Vidriera, de Allen. Se dedica “a la compra venta de todo”, se presentó en el juicio.
Maximiliano Lagos es el menor del grupo. Tenía 18 años en el momento de la desaparición y posterior asesinato de Otoño. Hoy en día, trabaja en la construcción, vive en el barrio Belgrano, de Neuquén capital, y atraviesa una enfermedad grave. El jueves, la audiencia tuvo que suspenderse porque debía asistir a una cita médica de urgencia.
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Hace 18 años, los cuatro integraron un grupo de jóvenes. En la actualidad, casi ni se miran. Los únicos que tienen relación entre sí con los hermanos Cau y Jafri, que llegan juntos en una Chevrolet Cruze. En los intermedios, salen a fumar y conversan sobre las alternativas del juicio con sus familiares. En algunas oportunidades gritaron algunos insultos hacia los manifestantes que reclaman justicia por Otoño.
Lagos permanece hacia adentro; no habla con nadie y su atención parece enfocarse de a ratos. Por ejemplo, cuando describieron las circunstancias en que encontraron el cuerpo de la chica. Antilaf llega esposado y rodeado por dos agentes del SPR. Mantiene largas charlas con su abogado, Carlos Vila, pero nunca se le vio siquiera un saludo a sus antiguos compañeros de ruta.
Durante la primera semana, los cuatro siguen las alernativas del juicio de una forma bastante desapasionada. Casi como si no les concerniera demasiado. Hay detalles que pueden llamar su atención, como las fotografías del momento en que extrajeron el cuerpo, los detalles de la autopsia o la precisión sobre la herida que pudo haberle ocasionado la muerte. Pero nunca hablaron ni revelaron otra emoción.
Habrá que ver qué pasa durante la semana entrante, cuando se ingrese ya en el terreno de mayores precisiones sobre el momento del secuestro de la joven.