2024-12-16

Doble femicidio: “¡Asesino! Le hubieras pedido la plata y te la hubieran dado!”

Familiares y allegados de las víctimas increparon al imputado por los asesinatos.

Primero fue la sorpresa; después, la indignación. Familiares y amigos de las víctimas se acercaron a la audiencia donde pudieron ver a “Coni” Horacio Espinoza sentado en el banquillo de los acusados. Y cuanto terminó, toda la paciencia que habían demostrado se vio desbordada por la impotencia. “¡Asesino, asesino!”, le gritaron. Y agregaron: “Le hubieras pedido la plata; te la hubieran dado. No tenías que matarlas, asesino”.

 

El hecho se produjo en la Sala de audiencias del Poder Judicial, donde la fiscalía formuló los cargos por el doble femicidio de Stella Maris Nicolini y su madre, Lidia Tapia. el hecho se produjo el jueves pasado, en el departamento donde vivían las víctimas, en las 432 Viviendas.

 

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El hombre no respondió ni se inmutó. Siguió con la cabeza gacha, mirando a un punto indefinido. Sentada en la última fila entre los asistentes, una mujer lloraba en silencio. Era la pareja del imputado. También sobre ella cayó la bronca: “Y vos sos cómplice, tan culpable como él. Lo defendiste; vos sabías que era el asesino y no dijiste nada”, acusaron con crudeza.

 

La mujer que lloraba se paró pero no para enfrentarlas; sólo atinaba a decir: “yo no sabía nada”. Mientras, miraba a todos lados como buscando alguna protección. Fue el propio fiscal jefe, Santiago Márquez Gauna, quien le pidió a una empleada que la resguardara hasta que la situación se tranquilizara.

 

La mujer del imputado se puso a llorar cuando familiares de las víctimas la acusaron de "asesina" y "cómplice". Foto: Cipo360.

 

En la puerta del juzgado, sobre calle España, el grupo más cercano a Lidia Tapia y Stella Maris Nicolini comentaba las alternativas de la audiencia. Todavía les dura la indignación por el doble crimen y por la actitud del imputado. “El miércoles, ellas lo invitaron a almorzar. Era gente así de buena, sin maldad. Preparaban viandas para darle a la gente que pasa pidiendo; a veces las invitaban al departamento”, contaron.

 

Lidia y Stella mantenían una amistad muy antigua con la familia de Antonio Valdebenito. Stella era la madrina de una las hijas, Belén. Y el otro hijo era David, que también visitaba a sus tías del corazón. Por eso Espinoza respondió desde la puerta: “soy David, me quedé cuidando hasta que vuelvan”. Pero las dos vecinas que lo escucharon no le creyeron. Y hasta lo identificaron.

 

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Antonio explicó que su hijo “trabaja todas las mañanas en una empresa petrolera; lo quiso ensuciar pero no era él”. Y la pareja del joven, Antonella, contó una situación que todavía la hace llorar: “el viernes llegué al módulo y ese sujeto se acercó hasta mi para consolarme. A decirme no me preocupara, que iban a encontrar a los asesinos”.

 

Acusaba a los vendedores ambulantes; decía que eran esos chicos que a veces pasan vendiendo cosas. Y como ellas dos eran tan confiadas... Pero fue él. Por qué tenía que matarlas”, sostuvo.

 

 

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