GASTRONOMÍA
Monstruoso: cómo es y dónde conseguir el mejor sándwich rutero de la Argentina
Hacer un gran sándwich no es algo tan fácil como parece. Es todo un arte. La lectura más simple es creer que solo se trata de un pan cortado a la mitad y cubierto con algún tipo de jamón u otro fiambre y queso, pero esto va mucho más allá.
Si lo que queremos lograr es el mejor sándwich rutero de la Argentina, la respuesta es una sola: Balcarce. Aquellos que hayan pasado y detenido por la entrada a la ciudad, en la intersección de las rutas 55 y 226, sabrán de lo que estamos hablando.
Se trata de uno de los lugares que uno no puede privarse de conocer. Nuestro país tiene destinos increíbles y ofrece experiencias de otro nivel, y justamente la Confitería El Cruce es todo ícono de la ciudad por ofrecer un sándwich imperdible, fuera de serie y considerado por muchos como el mejor de la Argentina.
¿Qué tienen de diferente? En primer lugar, su tamaño es monumental, pero hay muchos más secretos detrás de su preparación. Es que hablamos de un establecimiento que se encuentra ubicado allí desde hace décadas, como parte de un legado familiar que data desde hace más de 90 años. Sin dudas un verdadero símbolo de la ciudad, y una parada obligada para todo aquel que esté dando vueltas o circule por la zona.
Y si hablamos de cantidades, este sándwich tiene lo mejor: 8 fetas de queso y 16 de jamón crudo, en un pan francés horneado a leña. Pesa 1 kilo, aunque a veces como se hace a ojo puede ser un poco más, y tiene casi 50 centímetros de largo. Sí, medio metro, un tamaño tan grande que hay personas que suelen compartirlo con otros.
Tiempo atrás, Ignacio Rivera, dueño y cuarta generación al frente del negocio, explicó hace un tiempo en una nota con La Nación de dónde viene la idea de esta delicia. “Mis bisabuelos eran bastante exagerados… todo lo que preparaban lo hacían de forma muy abundante”, comenzó explicando.
Fue cuando Miguel de Santis y su esposa, Romilia Sáenz, decidieron poner un almacén en 1937. Los reseros paraban a pasar la noche y dejaban sus caballos. Mientras él salía con su carro para concretar ventas y trueques en los campos aledaños, ella se encargaba de alimentar a los viajeros.
“Hasta que un día, los visitantes le insistieron tanto a mi bisabuelo para que descolgara un jamón crudo que él mismo preparaba…”, siguió contando Ignacio, entonces su bisabuelo cortó largas lonjas del jamón con una cuchilla, abrió una galleta de campo al medio y armó un abultado sándwich. “Todos quedaron encantados… tan encantados que se hizo fama rápido y todo el mundo iba a buscar ese sándwich”, agregó el joven.
Con el paso de los años la tradición se mantuvo aunque con mínimos cambios, ya que la galleta fue sustituida con pan francés, y dejó de cortarse a mano para hacerlo con una máquina ecléctica. “Lo que siempre sorprende es la cantidad de fiambre y el tamaño… con un sándwich comen bien cuatro personas”, destacó.
Entre las opciones que hay para este sándwich existe más que el jamón crudo, ya que también están las alternativas de jamón cocido, matambre y salame. También hay de lomo o una hamburguesa. Además de este tamaño mega gigante, existe también la variante más chica para una persona y para dos.