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Paso a paso: cómo hacer el icónico rogel de Maru Botana
El rogel, esa emblemática torta que se ha convertido en una de las insignias culinarias de Maru Botana, no solo representa un exquisito postre sino también un gesto de humanidad y altruismo. Cuando Bahía Blanca fue golpeada por las devastadoras inundaciones, Maru se presentó con su característico entusiasmo y compromiso, decidida a ayudar mediante su talento en la cocina. Decidió instaurar lo que se convertiría en un "Rogelazo" en pleno Obelisco, una iniciativa cuyo objetivo fue recaudar donaciones para los damnificados. El evento no pasó desapercibido y rápidamente se hizo viral, lo que llevó a muchos a querer hacer esta famosa torta en sus propios hogares.
Reviviendo experiencias pasadas, Maru relató cómo el rogel había sido un éxito durante sus vacaciones en Uruguay: "Durante el verano, lo hice allí y me impactó lo que generó en la gente. Toda la alegría... Se volvían locos por el rogel". Estas palabras de alabanza hacia su creación no solo resonaron en tierras uruguayas, sino que rápidamente encontraron eco hasta en el símbolo más visible de Buenos Aires, donde ella imaginó un evento multitudinario. "Soñaba con esta imagen de una esquina llena de gente", explicó emocionada.
Para quienes desean Réroséalo crear, comprender el proceso detallado es el primer paso. La clave está en abordar todo con cieroutina meticulosa, comenzando con la preparación de la masa. La simple combinación de manteca derretida y agua, junto con yemas y huevos cuidadosamente batidos con una pizca de sal, son los ingredientes iniciales que, como resultado de una esmerada labor en la batidora, se fusionan para crear una mezcla perfecta. La incorporación paulatina de harina, hasta que la masa ya no adhiera a los bordes, antecede a la creación de pequeños bollos que, tras un breve reposo, serán estirados y pinchados, listos para ser horneados.
El merengue italiano, un aspecto igualmente crucial, comienza con la creación de un almíbar partido del simple ensamblaje de azúcar y agua. Sin dejar de mezclar, el líquido se integra lentamente al batido firme de claras, desembocando en un merengue de ensueño.
El montaje convierte la creación en una obra de arte culinario. Intercalando estas finas capas de masa con generosas dosis de dulce de leche, el rogel se embrinda en el proverbial abrazo de un chef, listo para recibir la corona final de merengue italiano. Las horas de enfriamiento en la heladera aseguran que cada mordisco mantenga su estructura y sabor. Cuando finalmente llega el momento de degustarlo, es fácil rememorar la fiesta de sensaciones que evoca a aquel "Rogelazo“ solidario en el Obelisco.