“Alas del alma”: la historia de un centro educativo que nació desde una necesidad
El incendio que se produjo durante la madrugada del domingo redujo a cenizas las instalaciones del taller de vitrofusión, provocó muchos daños en el resto del edificio, pero no aplacó las inmensas ganas de trabajar y el espíritu solidario de “Las alas del alma”. Desde un salón desangelado por los restos de humo y hollín, Susana Rotella saca fuerzas para sostener la reconstrucción.
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“Estamos esperando a los peritos de la aseguradora para poder continuar con todo lo que tenemos que hacer”, se quejó algo moleta. Su voz refleja también la esperanza de poner en marcha las actividades en poco tiempo más: “estamos pidiendo que nos presten unos trailers educativos para instalarnos en el predio de Fernández Oro, donde se practica equinoterapia”.
Los chicos, con alguna discapacidad o retraso madurativo, se encuentran en sus casas, contenidos por sus familias, a la espera de que se reanuden las clases. “Ellos están muy angustiados y por eso pedimos que nos los traigan. Les vamos a ir mandando mensajes a medida que vayamos arreglando”, precisó.
“Alas del Alma” surgió oficialmente en julio de 1996, fruto de la experiencia de madres y padres de chicos con discapacidad. “Nos íbamos encontrando los que éramos rechazados del Club Cipolletti, de la Asociación Chilena, de la Escuela de Cerámica. Hace casi 30 años ya; nos decían que no sabían cómo tratar a nuestros hijos, que no estaban preparados. Pero el argumento más fuerte era que les tenían miedo”, contó.
Las instalaciones de "Alas del Alma" seguirán sin ser utilizadas por los jóvenes con discapacidad que tenían su espacio de contención. Foto: gentileza.
En esa búsqueda de lugares, se fueron encontrando en un gimnasio que funcionaba sobre la calle Mengelle, donde la dueña les proporcionaba un espacio. “Y nos fuimos dando cuenta de que si esos lugares no estaban, teníamos que crearlos”, recordó.
En esa historia hubo también un factor que sirvió de aglutinante: un seminario de Educación por el Arte, que organizó la Fundación Margarita, que contó con la participación del especialista norteamericano Phillip Zemcke. “Había 60 chicos con discapacidad; entre ellos, mi hija. Y este hombre, sin hablar una palabra de castellano, sólo cantando y con gestos, logró que lo entendieran. Que lo dibujaran a él. Y en ese dibujo estaban también ellos”, destacó Susana todavía con la emoción viva.
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“Alas del alma” empezó a funcionar “de prestado” en el Centro Cultural, en la Asociación Israelita, en el club San Pablo. Hasta que la municipalidad, durante la gestión de Alberto Weretilneck, les donó el terreno de Bolivia y Juan Perón. Después, consiguieron un aporte del gobierno nacional para terminar la construcción.
Allí se dictan los talleres de pintura, danza, folklore, ritmo, medio ambiente, hidroterapia; y los de formación laboral, como panificación, conservas y el vivero. En Fernández Oro se realizan las prácticas de equinoterapia.
Hay muchos nombres en el recuerdo: el de Rudi Salto, por el aliento y los consejos; el del profe Enrique Araujo, con quien empezaron a planificar el espacio de formación; el de Marisel Murga, que terminó siendo responsable del nombre cuando organizó una presentación de expresión corporal con la canción “Con las alas del alma”; de Mauro Díaz, un profe de pintura que sigue hasta hoy; de Luisa Figueroa y de Emilia.
La desolación pos incendio: los integrantes de la Fundación quieren recuperar el espacio lo más rápido posible. Foto: gentileza.
Muchos nombres, muchos aportes que fueron sosteniendo a la institución que hoy necesita la ayuda de todos para ponerse otra vez en pie. Las donaciones y contribuciones pueden realizarse a nombre de Fundación Alas del Alma: en mercado pago, fundacionalasdelalma. En cuenta corriente: 605130/9 . Y con CBU: 0930356810100060513096 .
Si la canción “Con las alas del alma”, de la peruana Julie Freundt, le dio un nombre a partir de lo que sus hijos pudieron hacer, la misma letra puede cantar el ritmo de su reconstrucción:
“Con las alas del alma desplegadas al viento
Más allá del asombro, me levanto entre escombros
Sin perder el aliento
Y me voy de la sombra por algún filamento
Y me subo a la alfombra con la magia de un cuento”