2025-05-06

CONECTIVIDAD

¿Cuál es la razón por la que no respondemos los "wasaps", mientras no paramos de usar las redes sociales?

A pesar de que la aplicación de mensajería es directa y personal, muchos sienten una carga emocional diferente al abrirla.

Vivimos en una era caracterizada por la hiperconectividad. No es raro ver cómo las personas se vuelven omnipresentes en las redes sociales, ya sea a través de la publicación de historias en Instagram, la participación en desafíos virales de TikTok o la actualización de su estado en X, anteriormente Twitter. Sin embargo, esta hiperactividad digital contrasta con un fenómeno cada vez más común: los mensajes de WhatsApp que se acumulan sin respuesta en nuestros teléfonos.

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El dilema no reside en la falta de educación o interés; se trata de una cuestión más profunda que involucra la gestión emocional y la capacidad de cada uno para aislar su vida virtual de la real. WhatsApp, a diferencia de otras plataformas digitales, impone un nivel más alto de intimidad y compromiso. Cuando uno abre esta aplicación, es usualmente con el fin de establecer una comunicación bidireccional, con amigos íntimos, familiares, parejas, o en la esfera laboral. Responder a un mensaje en WhatsApp no se limita a enviar un par de emojis o likes, sino que a menudo se espera una interacción sincera y atenta.

Este tipo de comunicación puede resultar agobiante en períodos de fatiga emocional o estrés. Según un estudio del European Digital Media Observatory (EDMO), el 62% de los jóvenes europeos de edades comprendidas entre los 18 y los 30 años aseguran sentirse emocionales sobrecargados con las aplicaciones de mensajería, especialmente cuando los mensajes requieren respuestas complejas y bien elaboradas. Las redes sociales parecen ofrecer una vía de escape a esta presión. Permiten un tipo de interacción más superficial, donde el like, la visualización de un video o la publicación de un contenido pueden realizarse casi sin esfuerzo.

Es esta ausencia de compromiso lo que convierte a plataformas como Instagram y TikTok en terrenos tan atractivos para el ocio digital. Sin embargo, es esta misma ligereza la que se pierde cuando se trata de WhatsApp, cuya naturaleza demanda compromiso y atención, incluso para un simple "luego te cuento". Esta carga es especialmente evidente en una sociedad que habita un entorno caracterizado por la constante disponibilidad en línea. Según el informe "Digital 2024" de We Are Social y Kepios, se estima que las personas pasan un promedio de más de 6 horas al día conectadas a Internet, dedicando solo un tercio de ese tiempo a la mensajería directa.

No contestar inmediatamente a un mensaje de texto no siempre conlleva la falta de urbanidad; a menudo, es una cuestión de autoprotección frente al agotamiento emocional. Es esta misma realidad la que provoca que muchos opten por dejar mensajes en "visto" en vez de apresurarse a responder mediante respuestas rápidas o con falta de consideración.

La publicación en redes rara vez conlleva una demanda de respuesta inmediata, pero cuando un mensaje es enviado por WhatsApp, suele existir una expectativa tácita de interacción. Este desajuste en expectativas ha resultado en malentendidos entre usuarios, cultivando quejas comunes como "Si estás en línea, ¿por qué no me respondes?". Sin embargo, estar en línea no equivale necesariamente a disponibilidad emocional. En tales circunstancias, la inmediatez que facilita WhatsApp entra en contradicción con el legítimo derecho a la pausa o al silencio digital.

Cada vez es más crucial reeducar a la población en términos de uso digital para que la separación entre disponibilidad técnica y emocional sea clara. Respetar los tiempos de respuesta y comprender las pautas psicológicas detrás del aparentemente simple acto de no contestar a un mensaje podría mejorar y proteger nuestras relaciones interpersonales en esta era sobregirada digitalmente.

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