ESPECTÁCULO
Gran Hermano: Santiago del Moro explicó el caos detrás del escándalo del “silla gate”
El mundo del espectáculo siempre genera sorpresas y polémicas que despiertan el interés de sus seguidores. "Gran Hermano", el icónico reality show argentino, es un claro ejemplo de esto y, pese a su éxito arrollador, algunas controversias surgen inevitablemente en el camino. En un reciente desarrollo, el carismático conductor Santiago del Moro decidió arrojar luz sobre uno de estos escándalos: el famoso "silla gate".
La historia surge de un conflicto aparentemente trivial entre los panelistas del programa, quienes, según se informó, han protagonizado una serie de enfrentamientos por cuestiones de ubicación y visibilidad en el set. Gran Hermano, siendo uno de los programas con mayor audiencia en el país, ha puesto a sus panelistas bajo una intensa presión. La necesidad de estar en una posición que maximice su exposición televisiva ha llevado a algunas tensiones internas que han escalado de manera inesperada.
Infiltrado en esta controversia se encuentra un peculiar incidente protagonizado por Marina Calabró y Sol Pérez. Ambas fueron protagonistas de un descontento que se inició al no respetar los lugares predilectos en el estudio, suscitando así una visible molestia entre los involucrados. Sin embargo, lo que transformó este chisporroteo en lo que hoy conocemos como "silla gate" fue la percepción de que la situación había descontrolado hasta involucrar al conductor principal.
Para aclarar la situación, Santiago del Moro habló al respecto en una sorpresiva manifestación de transparencia. "Este año más que otros, el panel de Gran Hermano está completamente agitado, y la verdad es que hay mucho descontrol del cual yo mismo no me doy cuenta". Del Moro explicó que debido al extenso tamaño del set principal, la comunicación se vuelve un reto, lo que complicó el manejo de estos conflictos menores, permitiendo que crecieran desproporcionadamente.
Un jueves cualquiera, durante un corte en la transmisión, Santiago comentó casualmente sobre la disposición de las sillas, sin anticipar el efecto dominó que esto desencadenaría. No fue hasta que descubrió la magnitud del problema a través de otros medios que comprendió que había sido testigo y quizá catalizador de un «quilombo» que resonaría fuertemente fuera del estudio. Sin embargo, aprovechó esta oportunidad para restar importancia al escándalo, argumentando que la posición física en el set realmente no debería influir en el desempeño ni en la relevancia de los panelistas, concluyendo que aunque estas rivalidades existen, no deberían opacar la esencia del programa.