2025-05-26

El intento de femicidio en primera persona: “Mi vida fue un calvario”

“Espero justicia, paz y tranquilidad para mí y para mi familia”, dijo Liliana Ruiz

La víctima del intento de femicidio fue la primera en declarar, en carácter de testigo, durante el juicio que se le sigue a su expareja, Víctor Hugo Venegas Herrera. Y con lujo de detalle, reveló las peripecias que le tocó vivir. La pareja convivió durante 26 años, desde 1998 hasta enero de 2024, cuando la justicia determinó la exclusión del hogar luego de comprobar una larga lista de agresiones, amenazas y agravios.

 

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Liliana Ruiz hoy tiene 58 años, trabaja en la municipalidad de Cipolletti y tiene dos hijos: Facundo, producto de una relación; y Candela. Una hija poco querida por su padre porque “él quería un varón y a una mujer no la sentía”, explico Liliana.

En una sala en completo silencio, la mujer fue relatando las diversas circunstancias que la fueron obligando a recluirse en la casa: “nunca aceptó a mi hijo; pero sí traía a su otro hijo, de un matrimonio anterior. No quería a mi familia, pero su familia siempre venía. No quería que tuviera amigas, pero él traía a sus amigos. No quería que trabajara pero nunca me daba un peso”, precisó.

El ciclo de violencia se fue casi naturalizando, con la desvalorización de las posibilidades de la mujer: “me insultaba, me golpeaba, me violaba. Me decía que yo no tenía nada en esa casa; que todo era de él. Que no tenía derecho a nada”. En un momento “me hizo desarmar el cumpleaños de mi hijo porque, dijo que ‘ese pendejo no tiene nada’. Y así era nuestra vida”.

 

El penalista Michel Rischman es el abogado que se encarga de la defensa del imputado. Foto: Cipo360.

 

Para Candela, la hija en común, tampoco fue fácil la relación: “no la dejaba salir, la controlaba. Jamás pude festejarle un cumpleaños”. Y el aislamiento forzado se iba mostrando en la práctica: “no quería que visitara a mi mamá; pretendía que Candela no viera a su abuela, a pesar de que vivimos muy cerca”, precisó.

Con el tiempo, los insultos se hicieron más pesados: “desconfiaba de todo el mundo. Me decía que me estaba viendo con tipos. Desconfiaba hasta del hermano, del sobrino. Yo en esa época trabajaba para un frigorífico y él me acompañaba, se bajaba del auto e insultaba a los hombres con los que tenía que hablar”. Llegó a “romperme el celular y la computadora”, porque “decía que me encontraba con tipos”.

Mi vida era un calvario”, resumió la mujer. Para declarar, pidió que el imputado se retirase a otro sector del juzgado. “Le tenía miedo y todavía le tengo. Cambié todas las cerraduras de la casa, porque no sé si sigue teniendo otra llave. Y tengo miedo por lo que pueda pasar más adelante”, agregó.

 

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Ruiz contó que “me ha mandado gente a mi trabajo y a mi casa para que me dijera que cuando salga en libertad va a venir para terminar con el trabajo. Para matarme”.

Sobre lo ocurrido el día del brutal ataque en el patio de la casa, el 29 de febrero del año pasado, poco es lo que se acordaba. “Salí como todos los días, a las 6.35. Pasé a buscar la bicicleta, me di vuelta para que no es escapara la perrita, y después nada… a las 7.05 me desperté porque sonó el teléfono”, contó.

La llamada era de sus compañeras de la oficina municipal: “estaban preocupadas porque en 22 años que tengo de empleada nunca falté ni llegué tarde. Lo otro que vi fue a un policía que me miraba y me preguntó si sabía lo que había pasado. ‘Creo que me entraron a robar’, le dije. Y él me contó que no fue así, que fue Hugo (Venegas) el que me había golpeado y dejado tirada en el piso. Y que después fue a la comisaría a contar lo que había hecho”, relató.

 

 

 

 

 

 

 

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