“No quiero estar en una marcha, quiero estar paseando con mi hijo”: el grito de las familias de la región que luchan contra el ajuste en discapacidad
“No quiero estar en una marcha. Quiero estar paseando con mi hijo”. La frase de Natalia, mamá de Simón, resume con crudeza lo que muchas familias vienen expresando desde hace meses ante el brutal ajuste que atraviesa el sistema de atención a personas con discapacidad.
El dia de hoy durante la última movilización realizada en el Monumento a San Martín, en el centro de Neuquén, Natalia tomó la palabra. Lo hizo para contar lo que les toca vivir día a día a cientos de madres, padres, profesionales y niños que dependen de un sistema de salud que ya no da respuestas.
“Esto no es nuevo, pasa cada cuatro o cinco años. Pero ahora es más grave: los prestadores no cobran desde enero. Algunos siguen atendiendo por compromiso, pero muchos ya no pueden más”, explicó.
En su caso, Simón que este año cumple 9,sigue recibiendo terapias gracias al esfuerzo de profesionales que aún sostienen la atención pese a no estar cobrando. Pero no todas las familias corren con esa suerte. Algunas ya se quedaron sin cobertura, y otras deben afrontar gastos imposibles. “Solo en terapias, nosotros tendríamos que pagar unos dos millones de pesos por mes si la obra social no respondiera. ¿Qué familia puede sostener eso?”, planteó.
A eso se suma un entramado burocrático cada vez más hostil. Natalia contó que, aunque ya tienen cuatro recursos de amparo favorables emitidos por la Justicia, la obra social Medifé sigue sin acatar las órdenes. “Es la primera vez que nos pasa en todos estos años. Es como si ya no importara nada”, señaló.
Además, cuestionó duramente una reciente disposición publicada por la Superintendencia de Salud, que establece un sistema de mediación obligatoria entre usuarios y obras sociales. Según la normativa, las familias deben esperar dos meses para iniciar un amparo si la obra social no paga. “En lugar de resolver, dilata más todo. Mientras tanto, nuestros hijos esperan y los prestadores se funden”, denunció.
Durante la marcha, cada persona llevó un globo de colores como forma de representar la diversidad. Natalia explicó que pensaron en esa consigna para convocar desde un lugar más cálido y lograr que más gente se sume. “La vez anterior éramos cuatro gatos locos. Duele la falta de empatía. Por eso pedimos, al menos, un aplauso, una sonrisa, un bocinazo”, expresó.
Sobre el final, dejó una reflexión que va más allá de su propia historia: “Esto le puede pasar a cualquiera. La discapacidad no elige. Hay una ley que nos respalda, pero no se está cumpliendo. Yo puedo decidir destinar todo lo que gano a las terapias de mi hijo, pero hay familias que no tienen esa opción. Es comer o pagar una terapia. Y eso no puede seguir pasando”.