Desde el Alto Valle al Mundial de Clubes: el viaje de Pablo y Enzo, padre e hijo, para alentar a River
Con una bandera gigante que dice "Neuquén River Plate", Pablo Hiruela y su hijo Enzo emprendieron un viaje que no solo los llevó por miles de kilómetros, sino que también los acercó a uno de los sueños compartidos: ver a River en un Mundial de Clubes. Desde hace cinco meses venían organizando todo para llegar a tiempo a Estados Unidos y estar presentes en cada instancia del certamen internacional.
“Hace cinco meses que venimos planeando todo. Un mes sacamos las entradas, otro mes los pasajes, fuimos de a poco”, contó Pablo en diálogo con LU19 desde Los Ángeles, donde se realizó un banderazo de hinchas en la playa Denise Beach. Salieron desde Neuquén, cruzaron a Chile, volaron a Seattle y luego alquilaron un auto para llegar manejando a través del desierto, con parada incluida en Las Vegas, hasta la ciudad californiana.
Con entradas hasta cuartos de final, Pablo y Enzo confiesan que el esfuerzo fue grande. “No es barato, tampoco imposible, pero vamos a tener que sufrir las consecuencias cuando volvamos y haya que pagar los préstamos”, reconoció el padre entre risas. Aun así, asegura: “¿Quién nos quita lo vivido?”.
Ambos pudieron entrar con dos grandes banderas, luego de gestionar un permiso especial ante la FIFA por sus dimensiones. “La de Neuquén mide seis metros por uno y medio, y la del barrio Centenario, tres por uno. Nos autorizaron y por suerte pudimos pasar con ellas”, detalló Pablo.
Una decisión difícil pero inolvidable
Enzo, que también participó de la entrevista, relató su propia historia. Tuvo que renunciar a su trabajo porque no le permitieron tomar vacaciones para hacer el viaje. “Lo hablé con mi papá y mi mamá, y me apoyaron. Vendimos una play y algunas cosas para poder venir. No me arrepiento de nada”, aseguró el joven, con la alegría de vivir su primera experiencia en Estados Unidos y en un evento de semejante magnitud.
Sobre los costos del día a día, señalaron que ya tenían varios aspectos organizados, aunque se encontraron con sorpresas: “Hay lugares donde la misma pizza cuesta la mitad que en otro”, ejemplificó Enzo.
También destacaron el espíritu de comunidad que une a los hinchas en el exterior: “Nos cruzamos con 8 o 10 personas de Neuquén. Nos organizamos con chicos de la agrupación para estar juntos y abaratar gastos”, contó.
La ilusión intacta
Si bien admiten que es difícil soñar con ver a River en una final frente a gigantes europeos como el Real Madrid o el PSG, se aferran a la ilusión y disfrutan del presente. “Estamos felices, súper emocionados”, expresó Pablo. Enzo, por su parte, se animó a un pronóstico moderado: “No me gusta hacer estas cosas, pero vamos con un 2 a 1”.
La historia de Pablo y Enzo es un reflejo de la pasión por el fútbol y la familia. Una muestra de cómo el amor por los colores puede cruzar fronteras, superar obstáculos y dejar recuerdos imborrables, sin importar el resultado. Como dice el propio Pablo: “Todo bien con River, todo bien con todos, pero esto... esto no tiene precio”.
River se mide este sábado con el Monterrey de México por las segunda fecha del Grupo E del Mundial de Clubes. Chocan desde las 22, hora argentina, en el Rose Bowl de Pasadena, California. El equipo de Marcelo Gallardo se clasificará a los octavos de final en caso de derrotar al conjunto mexicano.