DRAMA
María Rosa Fugazot rompió el silencio y compartió el conmovedor pedido que su hijo René Bertrand
En uno de los momentos más difíciles de su vida, María Rosa Fugazot decidió abrir su corazón y compartir con el mundo el último deseo de su amado hijo, René Bertrand. La noticia del fallecimiento de René, a sus apenas 53 años, estremeció profundamente a la comunidad artística y, en especial, a María Rosa, quien, a través del dolor, reveló los detalles íntimos de una conversación trascendental que sostuvieron.
Desde su hogar, asomada por la tristeza, la veterana actriz relató cómo, en medio de pláticas informales pero profundas, René le confió su último deseo: un pedido específico sobre el destino de sus restos en caso de que su vida se extinguiera antes de lo esperado. "René adoraba la ciudad de Córdoba, en particular Carlos Paz, un lugar que para él representaba felicidad y éxito", expresó Fugazot con la voz entrecortada.
René había mencionado que, si la vida le arrebataba sus sueños, esparcieran sus cenizas en esos lugares que marcaban su trajetória y pasión, no solo en Carlos Paz, sino también en lugares vinculados profundamente a su vida y afecto: "Era su empeño que parte de él quedara en la cancha de Racing, y otro tanto en el gremio de Actores, símbolo de su amor por su profesión", señaló María Rosa, evocando la esencia alegre y generosa de su hijo.
El municipio de Villa Carlos Paz había sido un segundo hogar para René, el lugar que le brindaba calor y reconocimiento, por lo cual, Fugazot no dudó en agradecer a todos aquellos que siempre encontraron una sonrisa para él. "Como madre, ningún agradecimiento será suficiente para tanta bondad", sostuvo.
Mientras afronta su pérdida con entereza, María Rosa también detalló aspectos de los últimos meses de su hijo. Un año frío y sereno en la montaña, trabajando felizmente en su querido Villa Carlos Paz. Sin embargo, una sombra acechó su luz: fuertes dolores persistentes obligaron a René a regresar a Buenos Aires, buscando respuestas médicas que no anticiparon el diagnóstico más crudo: un cáncer que había extendido su amenaza silenciosa por todo su cuerpo.