EMOTIVO
La voz de Gran Hermano sorprendió al contar el original homenaje que le dedicó a Santiago del Moro
Con la final de la más reciente edición de Gran Hermano, hemos visto no solo el cierre de una temporada sino también el reconocimiento a quien se mantiene firme tras el compás del programa: Santiago del Moro. Aunque es bien conocido que los reflectores suelen centrarse en los participantes del reality show, en esta ocasión, se puso especial énfasis en uno de sus mismos integrantes de equipo, generando una energía sorpresa entre los espectadores.
Cuando las luces seleccionaban una nueva secuencia, Claudia Fasolo, la voz del programa, se encontró en el rostro de una historia introspectiva que había marcado la sintonía del show. Santiago del Moro no sólo ha mantenido esta dirección durante tres temporadas consecutivas con éxito, sino que se ha transformado en un emblema único del programa. Esta profunda conexión con Gran Hermano penetró más allá de las cámaras y pantallas cuando Claudia reveló un homenaje nunca antes pensado.
En un giro emocionante, Claudia mostró en su omóplato izquierdo un tatuaje dedicado a Santiago del Moro, revelando no solo tinta en la piel sino también un río de emociones personales. Fue un momento que resonó intensamente en el último episodio, donde mezcla de nerviosismo e incertidumbre llenaron el escenario para darle un abrazo lleno de significado al conductor.
Trabajadora en prestigiosas producciones como con Lucho Avilés y Susana Giménez, quien la tuvo a su lado durante más de 20 años, Fasolo halló una figura diferente en del Moro, describiendo el toque de su presencia como un rocío de luz en una etapa oscura. El tatuaje, realizado en 2021, surgió como un fruto de un profundo agradecimiento: “Era una intención que había madurado durante largo tiempo. Como cada tatuaje que llevo, este alberga una conexión significativa", relató Claudia ofrertada.
Santiago, para Claudia, significó más que un colega; se convirtió en un lazo familiar elegido, una presencia de salvación según sus propias palabras. "Nada en nuestras vidas acontece de forma azarosa", narró, reflejando sobre cómo un día de trabajo en el mismo edificio se convirtió en un llamado constante hacia nuevas oportunidades. Para ella, la incondicionalidad de Del Moro rescató y prosperó su senda en la vida, un acto involuntario que queda marcado en su piel para siempre.