El drama de las familias a las que les roban las garrafas
Una familia tipo, para cocinar y calefaccionarse con un mínimo de confort, consume unas cinco garrafas mensuales. El precio de recarga más bajo del mercado, en los comercios de Cipolletti, es de 22.000 pesos por unidad. Lo que implica unos 110.000 pesos mensuales solamente como costo de usar el gas. Muy lejos de los 50.000 o 60.000 pesos que puede llegar en una factura de gas por redes.
Ese precio es el que tiene de lista el depósito Algas, representante oficial de YPF, en su comercio de la calle Bolivia al 800. Pero en los barrios las cosas cambian: el valor de la logística encarece el producto. La recarga se consigue a partir de los 25.000 pesos, y en algunos casos llega a los 30.000 pesos.
Según las cuentas que tienen que utilizar este tipo de servicio, solo para la cocina se necesitan dos garrafas mensuales. Pero si se trata de calefaccionar los ambientes, tomando todas las precauciones necesarias, se necesita una garrafa cada 10 días.
El valor del envase, la garrafa de metal en sí, se fue por las nubes. El valor más bajo de referencia es de 130.000 pesos cada una. No varía demasiado el precio en los mercados más alejados, tal vez por lo prohibitivo del precio.
El distribuidor oficial de garrafas YPF tiene el valor más económico. Pero hay que llegarse hasta el lugar. Foto: Cipo360.
Pero eso explica por qué las familias cuidan estos productos de todas las maneras posibles: con candados, con llave, en un depósito, con cadenas. Así y todo, con el peso que complica su transporte, son objetos codiciados por los delincuentes que buscan aprovechar cualquier descuido.
En una vivienda se necesitan al menos dos envases: el que está en uso; más uno de repuesto para suplirlo cuando se termina. Porque uno se da cuenta de la situación cuando más lo necesita, que suele ser durante la noche. Si le llegaran a sustraer esos dos envases, debería destinar 260.000 pesos para recuperarlas. Un porcentaje alto de los ingresos familiares que nunca sobran. Un gasto que puede llegar a cumplirse a costa de resignar otros consumos.