SUEÑOS
Hernán Drago contó su especial vínculo con Bariloche y reveló por qué sueña morir en la Patagonia
La profunda conexión de Hernán Drago con la belleza natural y apacible del sur argentino se ha convertido en la esperanza que guía cada uno de sus días. En una reciente y emotiva revelación, Hernán Drago compartió que Bariloche no es solo un destino turístico, sino el escenario donde desea finalizar su viaje por el mundo.
Mirando profundamente hacia su propia vida, Hernán Drago confiesa que la pandemia fue un capítulo revelador que le brindó la serenidad para replantearse sus sueños y metas. Atrapado entre el ajetreo de la vida urbana y empujado por una necesidad de equilibrio, encontró en la majestuosidad de la Patagonia el consuelo y la esperanza para un futuro lleno de paz y realización.
El deseo de vivir en Bariloche no es una mera aspiración reciente para Drago, sino una promesa que se hizo a sí mismo desde su viaje de egresados en su juventud. Fue durante esa experiencia formativa que la región comenzó a marcar un rumbo en su corazón. Un amor cultivado a lo largo del tiempo, profundizado con repetidas visitas familiares, y finalmente consolidado con la sólida compra de una cabaña en el emblemático cerro Otto donde la naturaleza reina con una impetuosa calma.
Explorando el significado de esta elección, Drago aborda una de sus convicciones más íntimas: pasar sus días finales en el entorno que considera institución de su propio ser. "Bariloche para mí no es un simple refugio", asegura Drago con voz llena de anhelo. "Es un retorno a lo que debería haber sido. Aspiro a mudarme allá dentro de unos cinco o seis años, cuando aún disfruto de buena salud", afirma sin titubeos.
La confesión no solo traza un deseo vibrante de pertenencia sino también una aceptación de la mortalidad. Hernán Drago nos recuerda la importancia de conectarnos profundamente con lo que nos rodea y dejar que el ecosistema de árboles colosales y lagos cristalinos inspire el último capítulo de nuestras vidas. Con su mirada fija en el horizonte montañoso, Drago concluye suavemente, en espera de dar sus próximos pasos hacia ese camino señalado por la quietud y la introspección.