El ejemplo de Emanuel: medalla de plata en los Evita Adaptados, campeón de la vida
La felicidad se notaba en la carita de Emanuel López. Satisfacción por el logro obtenido, por el trabajo y el entrenamiento que le permitió llegar a la final de los Juegos Evita Adaptados. Cuatro victorias y una medalla de plata en boccia, un deporte de habilidad y estrategia especialmente diseñado para personas con movilidad reducida. Porque Ema, como lo llaman en la familia, tiene parálisis cerebral.
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Una discapacidad que descubrieron poco después de su nacimiento y a la que mamá Élida y papá Gustavo decidieron encarar con naturalidad y optimismo. Para que la vida les de la oportunidad de sonreír. El adolescente que nos mira desde su silla especial saca fuerzas y le pone garra a las dificultades. Va a la escuela como cualquier chico. “Está en segundo año de la secundaria; no se lleva ninguna materia. Él es muy estudioso”, cuenta Élida con orgullo.
El adolescente es el tercer integrante de la familia: las dos hermanas ya están casadas y les han dado cinco nietos. Emanuel nació prematuro, con seis meses de gestación y escasos 800 gramos de peso. Estuvo internado en Neonatología del Hospital de Cipolletti durante cuatro meses, “todo intubado” y con sus padres viéndolo desde afuera. Cuando alcanzó un peso de dos kilos le dieron el alta. Pero hubo secuelas. Los problemas motrices, el diagnóstico de parálisis cerebral. “No lo imaginábamos; lo primero que hicimos fue preguntarnos qué íbamos a hacer, cómo íbamos a afrontar la nueva situación”, contó la mamá.
“Para nosotros fue muy difícil cuando nos dieron la noticia. Uno no espera noticias desagradables. Pero cuando nos dijeron, fue difícil… qué hacemos, como seguimos nuestra vida. Porque es un antes y un después. Mi mensaje para otros papás, otras mamás, es que no hay que bajar los brazos, seguir adelante, seguir luchando, avanzar, no retroceder”, resaltó.
Emanuel y el profe Gustavo durante la competencia que se realizó en los Juegos Evita Adaptados, en Mar del Plata. Foto: gentileza.
Y agregó que “no hay que ponerse a pensar por qué a me tocó a mí, qué hice. Hay que seguir, porque Dios sabe por qué a uno le toca vivir con esta discapacidad. Y vivir con felicidad. Un hijo te llena de felicidad”.
Un día en la vida de Emanuel
Emanuel se levanta a media mañana. Desayuna, estudia o hace su tarea; almuerza y después sus papis lo llevan a la escuela secundaria 158, de Fernández Oro. “Va a una escuela común. Cuando empezó iba a una Especial, pero allí nos dijeron que cognitivamente estaba en condiciones de ir con el resto de los chicos. Y allá va. Feliz”, dijo Élida.
La rutina diaria dice que mamá y papá lo llevan en la camioneta hasta el colegio, donde entra con los otros adolescentes a las 13.30. Dos horas después “lo voy a ver, le llevo algo de comer, para hidratarse. Como no tenemos mutual y no podemos pagar una asistente terapéutica, voy yo. Después me vuelvo a casa. Y a las 18 lo vamos a buscar”, contó.
Después asiste al Centro de Día de la Asociación Amanecer, en Allen, donde practica su deporte preferido: la boccia. Un juego adaptado que consiste en lanzar unas pelotitas (las boccias), desde una canaleta. El competidor que deja sus pelotitas más cerca de la “blanca”, es el que gana. “Es el que más le gusta, el que lo hace feliz”, dijo.
La felicidad reflejada en la carita de Emanuel: luce con orgullo la medalla de plata que ganó en los juegos Evita. Foto: gentileza.
Claro que no fue fácil para la familia disponer de los elementos: el año pasado, la canaleta significó una inversión de un millón de pesos; las boccias, 200.000 pesos. Pero todos están muy contentos porque Emanuel pudo entrenar con sus propios elementos, adquirir seguridad y consiguió la medalla de plata en los juegos Evita que se disputaron en Mar del Plata.
En Allen entrena con Claudio Barra; pero su acompañante en Mar del Plata fue el profe Gustavo.
“Un hijo es todo en la vida – cuenta Élida -. Gracias a Dios está con nosotros y podemos pasar nuestros días con él. Es nuestra alegría y estamos felices”, resaltó la mamá.