VACACIONES
Las fotos de las vacaciones de Nicole Neumann y Manu Urcera en Villa La Angostura
En un mundo donde la velocidad y el caos parecen dictar el día a día, Nicole Neumann y Manu Urcera decidieron detener el reloj y escapar hacia un remanso de paz ubicado en Villa La Angostura. Este rincón en el corazón de la Patagonia argentina fue testigo de unas vacaciones distintas para la pareja y su pequeño hijo, Cruz, quienes eligieron alejarse de la cotidianeidad urbana y abrazar la naturaleza en su estado más puro.
La búsqueda de aire puro y tranquilidad llevó a Nicole Neumann y Manu Urceraa las entrañas de los paisajes patagónicos, donde las montañas tocan el cielo y los ríos resplandecen bajo el sol. Pero más allá de las postales idílicas, los días se convirtieron en una auténtica colección de momentos íntimos y reconfortantes, muy lejos del bullicio acostumbrado. Cada imagen capturada se transformó en un testamento silencioso de la serenidad buscada por ellos.
Con el frío seco de la Patagonia como compañero constante, el trío se aventuró por senderos cubiertos de lengas y flores amarillas. Cruz, el pequeño explorador de la familia, fue el protagonista indiscutido al descubrir lagos cristalinos y vastas arboledas que, a sus ojos, se asemejaban a mundos de fantasía. La modelo y el piloto, lejos de las cámaras indiscretas, compartieron su propio rincón de sueños, donde las conversaciones y las risas prevalecían sobre cualquier tipo de preocupación.
Las fotos, lejos de ser una herramienta para el exhibicionismo, emergieron como un reflejo honesto de la conexión con la naturaleza y entre ellos mismos. Manu Urcera compartió en sus redes algunos de esos instantes: tardes apacibles junto a la orilla del río, donde la melodía del agua se entrelazó con el murmullo de las hojas, y momentos de quietud en los que cada integrante del grupo encontraba su propio refugio interno.
Pero las vacaciones no serían completas sin la calidez de una acogedora cabaña de madera, lugar de refugio y esencia. Allí, las ventanas abertas permitieron que los rayos del sol transformaran el espacio en un lugar lleno de vida y alegría. Mates, juegos y conversaciones fueron los ingredientes de un respiro necesario, un recordatorio de que la felicidad a menudo radica en lo simple, en lo elemental.
La estancia en Villa La Angostura no fue solamente una pausa del mundo exterior, sino una reconexión con lo básico, con lo esencial del ser humano. Fue la oportunidad de ver al pequeño Cruz maravillarse día a día y de entender que a veces el verdadero lujo yace en detenerse, observar, y simplemente ser parte de la inmensidad natural sin necesidad de transformarla.