ROMANCE
La historia detrás de los 30 mil dólares que rompieron la relación de Pablo Echarri y Natalia Oreiro
Era una época dorada para la televisión argentina. Las telenovelas y programas de entretenimiento acaparaban audiencias masivas y dos de sus estrellas más brillantes eran, sin duda, Pablo Echarri y Natalia Oreiro. Su relación no solo era el deleite de las revistas del corazón, sino que también simbolizaba ese romance perfecto que muchos soñaban con emular. Sin embargo, como todos sabemos, la realidad muchas veces supera a la ficción. Y aunque los seguidores de la pareja mantuvieron durante años la esperanza de que su amor perduraría, todo se vino abajo en los albores del nuevo milenio.
La historia que emerge alrededor de cómo una suma de dinero terminó en la basura parece sacada de un guion de película cómica. Según uno de los relatos más divulgados por el periodista Augusto Tartúfoli, cierta tarde aciaga, Echarri habría colocado una considerable cantidad de ahorros en una caja de alimentos en el freezer, un lugar que, aparentemente, consideró seguro. Nadie podría haber anticipado que un confidencial escondite terminaría transformándose en el detonante de una disputa que marcaría el final de su relación amorosa.
Oreiro, con el aprecio por mantener un hogar impecablemente gestionado, decidió deshacerse de alimentos congelados supuestamente caducos para hacer espacio a nuevos productos. Y así, involuntariamente, arrojó uno de los bienes más preciados de la pareja, creando un vendaval de emociones encontradas entre ellos. No obstante, Echarri, años más tarde, confirió al relato tonalidades más sosegadas, asegurando que el incidente fue producto de un accidente doméstico sin mayores repercusiones materiales ni emocionales.
La anécdota sirve, sin embargo, como un crucial elemento en el mito romántico que rodea a esta dupla. Si bien el actor aseguró que en la caja no había la multimillonaria suma rumoreada, afirmando que el monto era cercano a 5.000 dólares, el episodio imprimió un carácter casi legendario al final de su relación. Esta cifra, dijo él, pudo ser recuperada posteriormente, refutando la noción de pérdida financiera.
Cabe destacar, y esto muchos convocan, que el destino de esta notable pareja no se definió tan solo con un bolso de compras frontalizado con el fondo del basural. Sino que, como en toda relación, existieron intersticios de inconformidades y sinceridades que avivaron el fin del vínculo. La dinámica de trabajar en un medio voraz donde el espectáculo desdibuja la línea entre lo personal y lo público sin dudas añadió capa tras capa al entramado psicológico en el que ambos se encontraron inmersos.
Al reflexionar sobre la envergadura cultural que tuvieron Echarri y Natalia Oreiro en aquella década, no sorprende que un simple episodio en sus vidas pueda sacar a relucir diferentes facetas del amor, los malentendidos y los finales dramáticos. Porque, a fin de cuentas, como dictan los cuentos urbanos, el desenlace de este célebre idilio estará siempre abierto a numerosas interpretaciones. Es estas diferencias de percepción y la magia perpetua del amor lo que incita a seguir preguntándonos sobre ese día fatídico en que las finanzas confluyeron con los sentimientos. ¿Fue acaso realmente aquel episodio del freezer el causante absoluto del final de su historia o simplemente una nota de color en un largo camino ya recorrido?