2025-12-04

Puente Buenos Aires-Colonia: hay inversores chinos interesados en la obra

El proyecto para construir un viaducto de más de 60 kilómetros entre Argentina y Uruguay vuelve a tomar impulso gracias al interés de empresas chinas y a un contexto regional que prioriza la reducción de costos logísticos.

Durante décadas, la construcción de un puente que una las ciudades de Buenos Aires, en Argentina, y Colonia, en Uruguay, ha sido considerado un anhelo utópico. Sin embargo, esta monumental obra está más cerca de convertirse en realidad, gracias al renovado interés mostrado por inversores chinos, una tendencia que coincide perfectamente con las políticas actuales de reducción de costos logísticos en la región.

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Este megaproyecto, conocido formalmente como Viaducto Argentina-Uruguay (VAU), se vuelve a colocar en el epicentro de la atención pública no sólo por su estratégica visión, sino también por los numerosos beneficios económicos que promete. Con una longitud total de 60 kilómetros, el viaducto tendrá la capacidad para operar con dos corredores por sentido, junto a una línea férrea diseñada para optimizar tanto el transporte de pasajeros como de mercancías.

El papel estratégico de China en esta obra es crucial. Antonio Spadone, una figura influyente en las relaciones entre Argentina y China, ha estado liderando el esfuerzo por atraer empresas chinas para revivir la iniciativa. Recientemente en diálogo con varias fuentes, Spadone explicó la evolución de este proyecto originado en los años 80.



El diseño inicial del puente, basado en propuestas y estudios técnicos anteriores, incluye importantes características arquitectónicas: secciones elevadas cuya función es permitir la libre navegación de barcos de diferentes tamaños bajo su estructura. La construcción implicaría una generación masiva de empleos, estimando un impacto directo en 2,500 puestos de trabajo en un período de dos años, y también fomentaría el servicio en sectores como la logística y transporte.

Más allá de la infraestructura física, el impacto simbólico y económico del puente es innegable. Permitirá una mejor conectividad entre Buenos Aires y Montevideo, acortando significativamente el tiempo de transporte, pasando de más de 500 kilómetros a 292. Así, habrá una notable reducción de los costos logísticos que elevará considerablemente el comercio internacional en la región.

Cabe destacar que dos empresas chinas han mostrado un creciente interés en financiar esta obra sin precedentes con capital privado, y confían en los peajes como herramienta para recuperar su inversión, abriendo camino a una nueva era de cooperación y desarrollo transfronterizo.

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