2025-12-10

Horror: encerraban a sus tres hijos, los golpeaban y obligaban a pasar hambre

La policía admitió que se trata de “uno de los peores casos de abuso infantil que han visto”.

La comunidad de O’Fallon, en el estado de Misuri, Estados Unidos, se encuentra profundamente impactada por la revelación de un horrendo caso de abuso infantil. Amberly Britton y Mark Myers, una pareja del área, han sido detenidos bajo graves acusaciones de maltrato hacia sus propios hijos, situación que ha sido catalogada por las autoridades como uno de los peores casos jamás vistos en la región.

El punto de quiebre en este escabroso caso se presentó cuando uno de los hijos de la pareja llegó a la escuela con significativas heridas, algo que encendió las alarmas de los educadores y condujo a una exhaustiva investigación por parte de las fuerzas del orden y los servicios sociales. Lo que las autoridades hallaron en la residencia familiar superó cualquier expectativa de maltrato imaginable: los armarios y refrigeradores asegurados con candados sugerían un acceso extremadamente restringido a los alimentos, lo que obligaba a los niños a urdir desesperadas estrategias para poder alimentarse. Esas medidas representaban solo el comienzo del descubrimiento de condiciones habitacionales deplorables.

 

 

El interior de la casa de esta familia era un escenario desolador y abandonado. Según el informe policial, los colchones carecían de sábanas, el ambiente estaba impregnado de un penetrante olor a orina y la calefacción era una necesidad insatisfecha en el hogar. Además, sorprendió a las autoridades el mecanismo de alta seguridad instalado en las puertas de las habitaciones, un sistema basado en cerraduras de huellas digitales que, en la práctica, privaba de libertad a los niños encerrándolos en pruebas insólitas de negligencia paterna. Y, por si fuera poco, una intervención en el lugar reveló la presencia de metanfetaminas, lo que traza un inquietante vínculo entre el abuso y actividades ilícitas.

Lejos de mostrar algún tipo de arrepentimiento o culpa, Britton y Myers intentaron evitar asumir la responsabilidad por el estado de sus hijos, llegando al punto de acusarlos de ser mentirosos. Este hecho revela un perturbador escenario donde los menores no solo eran sujetos de violencia física y emocional, sino que también eran víctimas del total desinterés parental hacia su bienestar. Según sus propios testimonios, los chicos eran agredidos con objetos contundentes y frecuentemente encerrados durante prolongadas horas.

Los antecedentes criminales de ambos padres añaden una capa extra de horror a este caso ya de por sí estremecedor. Documentos judiciales confirman que Amberly Britton tiene antecedentes por actos similares que ponían en riesgo la integridad de niños, mientras que Mark Myers presenta un historial de acusaciones por violaciones legales, no haberse registrado como delincuente sexual, y posesión ilegal de drogas.

Este perturbador caso ha abierto un enérgico debate sobre la eficacia de los sistemas de detección temprana e intervención en casos de abuso infantil en el país, y ha planteado serios desafíos para la comunidad de servicios sociales y la autoridad judicial en aunar esfuerzos para enfrentarlo con todo el peso de la justicia.

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