A un año de la desaparición de Yessica Antelo: una herida abierta
Este 7 de enero se cumple un año de la desaparición de Yessica Antelo, la niña de 10 años que fue arrastrada por la correntada del río Limay en la zona de Balsa Las Perlas, en un hecho que marcó a fuego a Cipolletti y a toda la región del Alto Valle.
Doce meses después, el caso sigue sin respuestas definitivas y con una ausencia que pesa. La causa judicial avanza entre dos miradas enfrentadas: la del Ministerio Público Fiscal de Cipolletti, que sostiene que se trató de un accidente sin intervención de terceros, y la de la familia de Yessica, que no logra aceptar esa conclusión sin pruebas materiales que expliquen qué ocurrió con la niña.
El hecho ocurrió el 7 de enero de 2025, cuando Yessica se bañaba en el río junto a su hermano de 13 años, a la altura del puente Lembeye, en un sector del Limay conocido por su peligrosidad. Según los testimonios incorporados al expediente, ambos fueron sorprendidos por una fuerte correntada.
El adolescente comenzó a ser arrastrado por el agua y Yessica se lanzó para intentar ayudarlo. El hermano logró salir con vida, pero la niña fue perdida de vista y nunca volvió a emerger.
Desde ese momento se desplegó un operativo de búsqueda de gran magnitud, que se extendió durante días y contó con la participación de la Policía de Río Negro, Bomberos, Protección Civil y la Prefectura Naval Argentina. Pese al intenso rastrillaje por agua y tierra, el cuerpo de Yessica nunca fue hallado.
El fiscal Guillermo Ibáñez confirmó que la causa continúa en etapa de averiguación preliminar, sin personas imputadas y ratificó que la hipótesis central de la investigación es que la desaparición fue “absolutamente accidental”, sin indicios de participación de terceros.
Esa conclusión se apoya en una abundante cantidad de pruebas, entre ellas los testimonios de bañistas que presenciaron el momento en que los hermanos fueron arrastrados por la corriente. Sin embargo, para la familia, el paso del tiempo no cerró la herida. A un año del hecho, el río sigue su curso, pero el dolor permanece.