DRAMA
Adrián Pallares contó la pelea a piñas entre dos actores en Carlos Paz
En el vibrante mundo del teatro de Carlos Paz, habitualmente conocido por sus destellos de glamour y comedias brillantes, ha salido a la luz una oscura sombra de tensión que amenaza con robarse el protagonismo. La historia se desenvuelve con una intensidad inusitada, encarnada por dos actores de renombre que, en un desliz impulsivo, llevaron sus diferencias al ámbito de las manos antes de una función de 'Felices los 4', una obra amada por muchos y encabezada por el talentoso Alejandro "Huevo" Müller.
Según lo revelado, este inesperado capítulo de violencia no brotó de profundas rencillas personales ni disputas en el arte dramático, sino de una discrepancia cotidiana con fuerte impacto en la delicada economía del teatro: el volanteo. En un reflejo de la angustiante lucha por el público que sienten muchas compañías frente a la disminuida venta de entradas, uno de los miembros del elenco, presa de la frustración, confrontó a su compañero. El desacuerdo sobre la distribución de tareas alcanzó niveles insospechados, según narró el periodista Pablo Layús, ante la incrédula audiencia televisiva.
Esta disputa tomó por sorpresa a Adrián Pallares, quien no dudó en señalar lo algo extraño de la trifulca, mientras el verdadero protagonista del acto fue el enojo casi irreflexivo que floreció a raíz de la rutina "¿cómo ir a volantear?". En pocos minutos esta discusión trivial se transformó en una batalla física que sacudió a los artistas y al equipo que intentaron mediar y controlar la situación sin mayor éxito inmediato.
El trágico intercambio dejó huellas visibles, especialmente en Héctor Pazos, quien, tras recibir agresiones físicas de su colega, continuó con la función cubriendo un marcado moretón. Por su parte, Pablo Sórensen fue señalado como el agresor. Según las notas de Layús y apuntes de Adrián Pallares, esta historia hizo que muchos ojos se posen en los problemas que forcejean en los bastidores del teatro.
De fondo, este incidente resalta una cuestión más aguda y generalizada. El equilibrio entre sostener la autenticidad artística y la necesidad básica de llenar butacas está debilitando los vínculos interpersonales, especialmente cuando el teatro minorista enfrenta el desafío titánico de seducir una audiencia en tiempos económicos complejos. Esta tensión amplificada por expectativas laborales desproporcionadas parecía incubarse ya no solo entre los actores, sino en la esencia misma de las producciones.
Así, la postal de la temporada teatral veraniega se completa con notas de inseguridad y apremio económico, que en conjunto pintan un escenario donde, muchas veces, el brillo del espectáculo se convierte inevitablemente en el telón para dramas más crudos y reales vividos por sus protagonistas en el día a día.