Con 39 grados, alertan por el golpe de calor infantil: síntomas y cuidados clave en el agua
Las altas temperaturas que se registran en la región durante el verano vuelven a poner en foco un riesgo que afecta especialmente a niños y bebés: el golpe de calor. Desde el Hospital de Roca, la jefa del servicio de Pediatría, Flavia Farchi, explicó por qué los más pequeños son más vulnerables y cuáles son las señales de alerta que las familias deben reconocer a tiempo, además de brindar recomendaciones clave para evitar infecciones al momento de disfrutar del agua.
Según detalló la profesional, cuanto menor es el niño, mayor es su susceptibilidad al golpe de calor. Esto se debe a que el sistema que regula la temperatura corporal todavía es inmaduro, lo que hace que el cuerpo absorba con mayor facilidad el calor del ambiente. A esto se suma que los niños producen más calor porque se encuentran en pleno crecimiento, sudan de manera menos efectiva y se deshidratan con mayor rapidez, ya que su organismo tiene una proporción de agua superior a la de los adultos. En el caso de los bebés, además, no pueden manifestar verbalmente el malestar o los síntomas iniciales.
Los primeros signos suelen aparecer de manera progresiva y pueden incluir fiebre elevada - generalmente superior a los 39 grados - , piel caliente y enrojecida, náuseas, vómitos, respiración acelerada, mareos y dolor de cabeza. En muchos casos, el cuadro se expresa a través de cambios en el comportamiento: irritabilidad marcada, llanto inconsolable o, por el contrario, somnolencia, debilidad y decaimiento.
Farchi remarcó que existen signos de alarma que requieren consulta médica inmediata, como fiebre que no cede, piel muy caliente y seca, confusión evidente, convulsiones o pérdida de conciencia. Si bien en el hospital no se registraron consultas específicas por golpes de calor, sí se detectaron casos de niños que acudieron a la guardia con cuadros de fiebre sin signos de infección luego de varios días de altas temperaturas o de exposiciones prolongadas al sol.
Ante la sospecha de un golpe de calor, la indicación es trasladar al niño a un ambiente fresco y ventilado, retirar el exceso de ropa, enfriar el cuerpo con paños húmedos o agua - evitando el uso de hielo directo - y ofrecer líquidos. En el caso de los bebés, se recomienda continuar con la lactancia materna, y para el resto, asegurar el consumo de agua segura, potable o previamente hervida, además de consultar con un profesional de la salud.
Que cuidados tener en cuenta a la hora de ingresar a piletas, ríos o lagos
La médica subrayó que la prevención depende más de la higiene que del agua en sí. La mayoría de los contagios no ocurre por tragar agua, sino por manos contaminadas que luego se llevan a la boca. Por eso, el lavado frecuente de manos antes de comer y después de ir al baño o de cambiar pañales es una medida central, al igual que el uso de alcohol en gel cuando no hay agua disponible.
En el caso de las piletas, es importante que el agua esté clara, con un olor suave a cloro, ducharse antes de ingresar y contar con baños limpios y cercanos. En ríos, lagos y balnearios naturales, el riesgo es mayor, por lo que se aconseja evitar aguas estancadas, zonas con presencia de animales o descargas cloacales y respetar los carteles que indiquen agua no apta.
Por último, señaló que no se debe llevar a los niños al agua si presentan diarrea, vómitos, fiebre, conjuntivitis o infecciones de piel abiertas, y que luego de una jornada en pileta o río se debe consultar si aparecen síntomas como diarrea persistente - sobre todo con sangre -, vómitos repetidos, fiebre alta o decaimiento marcado.
“El mensaje para las familias es claro: manos limpias, evitar tragar agua y no ingresar enfermos al agua reduce significativamente el riesgo”, concluyó Farchi, al tiempo que insistió en la importancia de la prevención y la consulta oportuna durante los días de calor intenso.