2026-02-04

Femicidio de Silvia Cabañares: una testigo vive en una carpa al borde del río porque le quemaron la “rancha”

La mayoría de las personas que pueden declarar en la causa están en situación de calle o tienen problemas de adicciones.

Para la fiscalía de Cipolletti, la investigación del femicidio de Silvia Cabañares representa un desafío con varios frentes problemáticos. Por un lado, que la mayoría de los actores viven en Neuquén, una jurisdicción diferente, con una dinámica especial. Esto significa que para buscar testigos o realizar pericias hay que pasar por el trámite burocrático de solicitar autorizaciones o pedir colaboraciones. Pero además, tiene otro problema: los posibles testigos, al igual que la misma víctima, se encuentran en una situación de marginalidad absoluta.

 

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La mujer que declaró sobre la presencia de Gonzalo Segobia en Las Perlas junto a otros dos hombres, a quienes escuchó mencionar que “se nos fue la mano”, es un buen ejemplo de ello. Ella sí es muy conocida de la fiscalía, porque tiene varias causas tanto en la justicia de Paz como en la Penal. Activista de las tomas, denunciada por sus vecinos por delitos varios - desde agresiones a hurtos y venta de terrenos -, tiene dos sentencias “en suspenso” por la aplicación de una “probation”.

El fiscal Martín Pezzetta la menciona como “Bristela” y trata de no mencionar su apellido, para protegerla de posibles represalias. De todos modos, y a pesar del enorme crecimiento de Las Perlas, “en el barrio se conocen todos”.  En la última audiencia, para expresar el temor que pueden sentir los testigos ante una posible salida en libertad de Segobia, Pezzetta mencionó que esta mujer está viviendo “en una carpa, al costado del río, con su pequeña hija”.

En agosto del año pasado, cuando se estaban por cumplir dos años del femicidio de Cabañares, un grupo de vecinos le incendió “la rancha”, como se denomina en las barriadas populares a las precarias construcciones de madera, cartón y chapa. Las dos escaparon por milagro. “Quieren usurpar mi terreno”, denunció. Desde ese día viven en una carpa.

 

Las organizaciones sociales y colectivos feministas siguen reclamando por el total esclarecimiento del femicidio de Silvia. Foto: archivo.

 

Bristela declaró ante la fiscalía que la madrugada del 26 de agosto de 2023 - el día que asesinaron a Silvia - vio llegar a Segobia y a dos personas más en un auto, que estacionaron el vehículo en un terreno aledaño. También dijo haberlos escuchado decir: “Se nos fue la mano”.  También contó que lo vio “muy nervioso” y “alterado”.

Otra testigo de la causa es María Rosa, una mujer que vive en situación de calle. “Fue una de las últimas en verla con vida, la noche del 25 de agosto, cuando compartieron un encuentro en el Balneario Municipal”, precisó Pezzetta. Era una de las amigas de Silvia Cabañares, a quien llamaba “La Cachorra”. Su domicilio actual es debajo de una de las parrillas de Linares al fondo.

La responsable de su tratamiento por adicciones en el Hospital Castro Rendón es la médica Paula Gómez. La profesional contó que ante una referencia a la investigación por la muerte de Silvia, sólo atinó a decir: “qué miedo”.  Cruzó los brazos delante de sus rodillas y no quiso volver a hablar del tema.

 

 

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