CONFESIONES
El romance secreto de Nicolás Repetto con una vedette en los 90
En un giro inesperado, un capítulo desconocido de la farándula argentina ha emergido con fuerza. La vida sentimental de los años noventa vuelve a estar en el foco de atención tras la reciente revelación de una relación secreta entre el popular conductor Nicolás Repetto y la reconocida vedette Raquel Mancini. Este romance, mantenido bajo la más estricta confidencialidad, salió a la luz gracias a la confirmación de la propia Mancini, quien decidió compartir su verdad públicamente.
Remontándonos al año 1992, encontramos a Nicolás Repetto en un momento de transición, al compás de su separación de Reina Reech, otra figura emblemática del espectáculo. La conexión con Mancini surgió casi por accidente, en un contexto que demandaba precauciones extremas. “Pegamos onda,” resume Mancini, al recordar los inicios de su vínculo, una frase que encapsula los encuentros furtivos de quienes vivían bajo el escrutinio constante de los medios.
Los detalles de su breve idilio podrían fácilmente formar parte de un guion cinematográfico. La necesidad de mantener el romance lejos de los reflectores llevó a episodios de película. Una de las anécdotas más insólitas se desarrolló en Uruguay, a donde Mancini llegó en el baúl de un coche, una operación improvisada para esquivar a los incansables paparazzi. La vedette rememora con claridad cómo aquellos días en Uruguay fueron más un juego de escondidas que un encuentro pasional.
A pesar de la cercanía física y la complicidad entre ambos, las emociones no llegaron a profundizarse. El fuego no fue más allá de la chispa inicial. Mancini es categórica: "Nunca lo quise y él a mí tampoco." Era un tiempo diferente, con mayores reservas en las expresiones de afecto dentro de círculos públicos tan observados. Al reflexionar sobre Repetto de aquellos días, no hace alarde, "Era un hombre bien plantado." Quizás fue su firmeza lo que le otorgaba el aplomo necesario para custodiar este conocido secreto.
Hoy, con la bruma del tiempo aclarando todo malentendido perdido en el pasado, tanto Mancini como Repetto se cruzan sin ecos de aquel escondido romance. La expectación que los habría rodeado en aquellos tiempos no tiene ya lugar en sus vidas actuales. Tal es el paso del tiempo, aquél al que enfrentarse obliga a los protagonistas, a reconocer hechos que, quizás en su momento, estuvieron más allá de lo permitido, pero que ahora, simplemente, consultan en la corrección de sus propias memorias. Las historias del ayer, que alguna vez fueron elucidaciones precisas, son ahora meros recuerdos que traman el bordado de toda una era.