CONFLICTO
Nelson Castro corrió por su vida durante un ataque de misiles en Medio Oriente
El reconocido periodista argentino Nelson Castro vivió uno de los momentos más críticos de su carrera en la cobertura de conflictos internacionales. Durante una transmisión en vivo desde Tel Aviv, mientras informaba sobre la creciente tensión en Medio Oriente, la cotidianidad de la emisión se vio interrumpida por el desgarrador sonido de las sirenas que alertaban de un inminente ataque de misiles bajo el oscuro cielo de Israel. Fue un giro inesperado que desató una reacción inmediata del equipo televisivo y del propio Castro.
Con el eco de las alarms resonando a sus espaldas, Nelson Castro se encontró obligado a interrumpir abruptamente la transmisión. "Tengo que dejar la transmisión. Nos vamos al refugio, perdón", se escuchó decir al aguerrido periodista a sus televidentes antes de proceder a evacuar su posición en vas de las protocolarias medidas de seguridad establecidas para casos de emergencia en el país.
Durante el descenso por el edificio en busca de refugio, el periodista, sin soltar el micrófono, trataba de describir el vertiginoso descenso a través del tumulto y la incertidumbre. "Nosotros bajamos diez pisos, está prohibido portar cámaras, revisaremos qué equipos podemos llevar. Continuamos caminando hacia el refugio, colocaré el micrófono ahora y veré si logro transmitir desde el celular", expresaba, evidenciando el carácter frenético de la situación.
Una vez seguros en el segundo subsuelo del hotel, Nelson Castro tomó de nueva cuenta contacto con la cadena para relatar el angustiante ambiente en aquellos refugios temporales abarrotados, preparando el espacio para alrededor de unas 60 personas. La calma resignada mientras el pueblo aguardaba ansioso la conclusión del ataque se reflejaba en su relato: "Aquí, en el subsuelo, cumplimos las normativas de seguridad. Estamos esperando cómo se desarrolla esto".
Mientras estaba refugiado, Nelson describía cómo los presentes, entre intentos fallidos de comunicación con sus seres queridos, daban silenciosamente la espalda al mundo para zambullirse en el recóndito abrigo del sueño, única vía de escape ante la inminente tensión. Las cámaras, sin embargo, permanecían en el hotel, captando el aterrador espectáculo de las luces fugaces y las alarmas, un propulsor del pánico en el fragor de Tel Aviv. Desde la seguridad provisional del refugio, Castro hizo sereno balance de una de las coberturas más desafiantes de su trayectoria.