Florencia Penacchi: un silencio de 21 años y una madre que muere sin respuestas
Florencia Penacchi había estudiado en el CPEM N° 46 de Neuquén, a pocas cuadras de la sede central de la Universidad del Comahue; dejó atrás la casa familiar de la calle Bahía Blanca y se fue a estudiar Ciencias Económicas en la UBA. Para poder manejarse con independencia, trabajaba en el Instituto de Vivienda de la ciudad. En la madrugada del 16 de marzo de 2005 salió del departamento que compartía con su hermano, llevando solamente su teléfono celular. Nada de ropa, documentos ni billetera. Pero su rastro se perdió absolutamente y no hay una pista firme en la causa por su desaparición: 21 años después, su paradero sigue siendo un doloroso misterio.
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El último contacto: unas señales que captaron las antenas ubicadas en la zona del boliche de Palermo, en Scalabrini Ortiz y Costa Rica. Allí trabajaba el hombre a quien había llamado reiteradamente en las horas previas. Más tarde, se comunicó con una compañera de trabajo para consultarle sobre un tema laboral; con su hermano, para saber si había recibido mensajes en el teléfono fijo; y con su jefe, para avisarle que no iba a ir porque se sentía mal. A partir de las tres de la tarde no hubo más llamadas ni respuestas.
La investigación policial, plagada de errores y caminos sin retorno, no pudo avanzar demasiado. Para la familia, la clave era – y sigue siendo -, el enigmático personaje al que Florencia contactaba en el boliche Confusión. Sin embargo, tardaron un año y medio en citarlo a declarar, y luego “apenas le hicieron tres preguntas y lo dejaron marcharse”, precisaron.
La mamá de Florencia, la neuróloga neuquina Nidia Aguilera, murió en mayo de 2023 sin saber qué había pasado con su hija. Siempre sostuvo que la principal hipótesis era el secuestro con fines de trata. Testigos amenazados o misteriosamente desaparecidos, pistas falsas y rumores de todo tipo, empantanaron la investigación hasta llevarla a un callejón sin salida.
El dolor de una madre
En 2016, cuando se cumplían 11 años de la desaparición, su mamá escribió una carta tratando de reflejar su dolor. En una parte, relata:
Hay un refrán español que dice "las ausencias son grandes amigas del olvido". ¡Qué horror! Tu ausencia lleva 11 años y estás más presente que nunca. Nadie abandona su vida de todos los días sin dejar rastros para que la encuentren. Nadie se embarca en una aventura que deje un tendal de dolor a sus seres queridos.
Nidia Aguilera murió sin saber qué había pasado con su hija. Foto: archivo.
No te fuiste, te fueron, esas figuras oscuras que no salen a la luz porque justamente son oscuras.
Se habla de la trata, no lo sabemos, pero esas redes son muy poderosas y cuentan con mejores recursos que nosotros, ciudadanos de a pie.
Más adelante, escribió:
“Hoy la herida abierta de tu ausencia nos obliga a seguir buscándote y tratar de saber qué pasó ese 16 de marzo a las 3 de la tarde en que se cortó tu comunicación con el mundo.
En nuestro corazón siempre está la esperanza.
No estamos solos como hace 11 años, la sociedad ha madurado.
Poco a poco nos vamos uniendo y el clamor por tu destino y el de otras "desaparecidas" como vos se hace escuchar, y no soy una madre sola, somos muchas que queremos saber la verdad y recuperarlas, para que este dolor se exprese en justicia que hasta hoy nos fue esquiva”.