ECONOMÍA
La carne aumentó más de un 7% en febrero y ya es impagable para los argentinos
Durante el mes de febrero, en un contexto económico complicado para la mayoría de los argentinos, el precio de la carne volvió a experimentar un significativo aumento, situándose como uno de los productos que más pesa en el presupuesto familiar. Este incremento, que llegó a ser del 7,4%, superó notablemente el índice general de inflación, complicando aún más la economía doméstica y haciendo que la carne se convierta en un lujo al que pocos pueden acceder.
Los aumentos fueron particularmente notorios en cortes que, durante años, han sido fundamentales en la dieta diaria de los hogares argentinos. La paleta, en términos de alza, estuvo a la cabeza con un sorprendente aumento de más del 8%. Le siguieron la nalga y el cuadril, dos cortes muy utilizados, que también vieron sus precios elevarse al mismo ritmo. Estos cortes, esenciales para la preparación de platos cotidianos como milanesas, alcanzaron precios prohibitivos, con la nalga vendiéndose a más de $20,000 por kilo y el cuadril no muy lejos, superando los $19,000 por kilo.
En contraste, aunque en menor medida, otros cortes también reflejaron estos incrementos. El asado, un corte emblemático que convoca a la familia y amigos en torno al fuego del asador, creció cerca de un 5,7%. A pesar de ser un alza menor al promedio registrado, el precio del asado alcanzó los $16,850 por kilo, sumándose al exclusivo grupo de cortes inasequibles para gran parte de la población.
Ni siquiera los cortes considerados más económicos escaparon a esta dinámica de aumento. La carne picada común, a menudo la opción más sencilla y barata para muchas comidas, también registró incrementos superiores al 7%, lo que indica que los precios están presionando a todos los niveles del consumo cárnico.
La situación actual parece obedecer a varias causas concurrentes. Una disminución en la cantidad de ganado disponible ha tenido un impacto directo en la oferta del mercado. Esto, sumado a un necesario reajuste de precios, que venían estancados durante un largo tiempo, ha contribuido de manera significativa al aumento sostenido en los valores de la carne.
Estos factores han provocado que este producto esencial sea uno de los principales motores de la inflación, complicando todavía más la capacidad de compra de los hogares argentinos, que ahora deben buscar alternativas para lograr equilibrar su alimentación con su presupuesto.