Muerte en la ruta: la conmovedora historia de Daniel Ramírez, sobreviviente del crucero Belgrano
La tragedia volvió a cubrir a los veteranos de guerra de Malvinas. Daniel Ramírez logró sobrevivir al hundimiento del crucero General Belgrano, el primero de mayo de 1982; a las olas de más de 10 metros de altura y al frío glacial del océano; pero ayer murió en un siniestro de tránsito. El terrible impacto del vehículo que conducía, una Renault Duster blanca, contra un camión en la ruta 3, no le dio ninguna oportunidad.
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Ramírez había llegado a Cipolletti en 2007 con el objetivo de formar una familia: había encontrado a la mujer de su vida, se instaló en la ciudad, tuvo dos hijos y armó una empresa de comunicaciones. En forma paralela, intentaba que la memoria no se perdiera y aceptaba las invitaciones para concurrir a las escuelas para contar su experiencia. Una de las más dramáticas del conflicto bélico que atravesó Argentina durante 1982.
Apenas adolescente, Ramírez se sumó a la Armada y se fue formando en distintas ramas de la electrónica hasta volverse un especialista en el estudio de radares y la ubicación electromagnética de otras naves. En principio, no tenía que estar en el crucero, pero un reemplazo lo llevó a embarcarse en la base naval Puerto Belgrano, en lo que iba a ser el último viaje de un crucero.
En abril de 1982, Ramírez se embarcó en el crucero General Belgrano. El dos de mayo, un submarino inglés lo hundió. Foto: gentileza.
El viejo buque artillado, veterano de la segunda guerra mundial y sobreviviente del ataque de Pearl Harbour, partió hacia el Atlántico Sur con la finalidad de escuchar y tratar de ubicar las posiciones británicas alrededor de las islas Malvinas, pero sin ingresar en la zona de exclusión definida por los ingleses.
El capitán del submarino nuclear Conqueror tenía otras órdenes: se aproximó al crucero sin ser detectado y disparó varios torpedos. Dos impactaron sobre el casco del barco, que se hundió pocos minutos después.
“No se puede describir lo que pasó en esos instantes. El ruido de la explosión nos dejó aturdidos; las alarmas comenzaron a sonar, y lo único que supe era que tenía que llegar a cubierta. Cuando pude hacerlo me tiré sobre una balsa de emergencia”, contó durante una entrevista en LU19. Desnudo, bañado en fuel oil, vivo. Pero todavía faltaba lo peor: olas de 10 metros de altura, vientos de 100 kilómetros por hora y temperaturas bajo cero. Más de 36 horas después fueron rescatados por el aviso Gurruchaga.
El crucero General Belgrano, momentos antes del hundimiento. Foto: archivo.
De Ushuaia a Puerto Belgrano, unos días de “descanso”, un regreso a la normalidad… pero ¿qué normalidad? Los padecimientos psíquicos y físicos continuaron por muchos años. “En mi caso, costó mucho. Estuve internado en el hospital naval de Río Santiago, cerca de La Plata. Después, la adaptación a la vida civil fue complicada”, contó. “Habíamos ido a hacer algo, pusimos todo lo que podíamos poner de nosotros, y a la gente le dábamos lástima, recordó.
Sin contención, víctimas de lo que hoy se conoce “shock post traumático”, escondidos casi con vergüenza, los veteranos de Malvinas pasaron muchos años de frustraciones y desesperanzas. Pero de a poco, muchos se fueron reinventando.
El ciclo le duró 25 años: hasta que en 2007 pudo formar su propia familia y dejar atrás aquellos fantasmas.
Hoy, la ciudad le rinde su última despedida.