2026-04-06

A los 33 años, pidió cambiarse el apellido porque sólo le recordaba la ausencia del padre

La jueza evaluó que “el nombre no es solo una herramienta administrativa, sino parte del derecho a la identidad”

Un vecino de Cipolletti pidió cambiarse el apellido ante la justicia: a los 33 años, encontró que era un buen momento para “cerrar un círculo”. Explicó que el apellido que llevaba formalmente desde su nacimiento, sólo le recordaba “la ausencia del padre”. Nunca se sintió contenido ni por aquel ausente ni por la familia paterna; por lo que solicitó cambiar su DNI para ser identificado con el de su madre.

 

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La pareja se había separado cuando él recién comenzaba a caminar, y el vínculo se cortó. Hubo algunos encuentros en la adolescencia que no prosperaron. Según relató en el expediente, esas visitas terminaron mal. Después de eso, no volvió.

Quien sí estuvo siempre fue su madre. Ella lo crió, lo acompañó y sostuvo su crecimiento. En su vida cotidiana, en su identidad construida con los años, el apellido que lo representaba era el materno. El otro, el que figuraba en su partida de nacimiento, quedó vacío de significado afectivo.

Luego puntualizó que el apellido paterno le generaba angustia, sensación de abandono y ajenidad. Tuvo que realizar un tratamiento psicológico y ahora necesitaba cerrar, también en el plano simbólico, esa parte de su historia.

La profesional del equipo técnico que lo evaluó concluyó que comprendía el alcance del pedido y que el apellido paterno se encontraba vacío de significación afectiva para él. Señaló que la supresión podría funcionar como un cierre simbólico frente al sufrimiento acumulado.

La jueza recordó que el nombre no es solo una herramienta administrativa, sino parte del derecho a la identidad. Si bien la regla general es la estabilidad, la ley permite excepciones cuando existen “justos motivos”, como la afectación a la personalidad.

En este expediente, la magistrada entendió que esa afectación estaba acreditada. No se advertían perjuicios para terceros ni afectación al orden público. Lo que estaba en juego era la coherencia entre la identidad legal y la identidad vivida.

La sentencia hizo lugar al pedido. Ordenó suprimir el apellido paterno y reemplazarlo por el materno. Desde ahora, su nombre refleja el vínculo que realmente lo sostuvo.

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