ANÉCDOTA
El insólito objeto que Chano Charpentier le robó a Damián Betular cuando era mozo
En el mundo de la música y la gastronomía, pocas combinaciones parecían tan improbables como la de Chano Charpentier y Damián Betular. Pese a pertenecer a ámbitos aparentemente distantes, estos dos artistas comparten una simpática anécdota que los une en un escenario completamente alejado de su actual lugar protagónico, el conocido restaurante Sucre.
Hace más de dos décadas, antes de que el carismático vocalista de Tan Biónica se encontrase iluminado por los flashes del éxito con sus canciones, Chano trabajaba como mozo en el prestigioso Sucre, donde coincidía su camino con el de Damián Betular, entonces un aspirante a pastelero. Ambos incursionaban en el mundo de la alta cocina, uno tomando pedidos y el otro elaborando exquisitos platos, sin imaginar que tiempo después sus nombres estarían consolidados en sus respectivas disciplinas, deslumbrando a una audiencia completamente distinta.
En un recuerdo que aflora grandes sonrisas, Betular relató un episodio que vivieron juntos durante su reciente visita al programa radial 'Perros de la Calle'. En una conversación que exploraba los comienzos de su travesía culinaria, Betular rememoró con humor la relación con los camareros del restaurante: “Los camareros son un poco bravos. Recuerdo uno que no sólo mandaba los pedidos sino que ocasionalmente él mismo se los devoraba 'reveló entre risas' Y seguro que lo conocen, porque es nada menos que Chano Charpentier".
La confesión, que logró robar carcajadas y gestos de sorpresa entre los presentes, llevó a Betular a recordar la camaradería que existía en aquél restaurante; una comunidad joven que enfrentaba las tensiones de responsables demandas culinarias sin perder el humor y el sentido de travesura. Con especial cariño, el pastelero compartía estas remembranzas como parte de una época bisagra, tanto personal como profesionalmente, entre volver a vivir momentos cálidos donde Chano "se autocomandaba volcanes de chocolate" y disfrutar de manera clandestina las creaciones del futuro experto en pasteles.
Este pintoresco relato no solo habla acerca de los tiempos compartidos entre Chano y Betular, sino también traza un cuadro de comprensión, improvisada persistencia y divertidas escenas detrás de un restaurante emblemático. Esta anécdota imborrable quedó en la memoria de Betular como señal de una amistad alentada por la juventud y el desafío compartido, y como un recuerdo indeleble de lo que significa crecer y encontrar el propio camino incluso detrás de las sombras de un chocante robo dulce.