CONFESIONES
La confesión más cruda del Chaqueño Palavecino sobre su infancia en el campo
El reconocido cantante de folklore argentino, Oscar 'Chaqueño' Palavecino, dejó entrever el complejo entramado de su infancia durante su aparición en el programa televisivo 'Almorzando con Juana'. Originario de la pequeña localidad de Rancho El Ñato, en la provincia de Salta, cerca de las fronteras con Bolivia y Paraguay, el Chaqueño abrió su corazón para relatar cómo la música se convirtió en un fiel compañero en un entorno marcado por carencias, trabajo arduo y una rica diversidad cultural.
Crecer en el campo salteño significó para el joven Chaqueño Palavecino convivir con una vasta gama de etnias y dialectos. Recordando sus primeros años, mencionó que su origen estaba intrínsecamente ligado a un espacio donde varias culturas convergen. “Había siete etnias con dialectos distintos y nosotros hablábamos castellano”, explicó, pintando un cuadro sobre la conciencia intercultural que reflejaba en su música.
La música, para Chaqueño Palavecino, no fue simplemente un pasatiempo, sino más bien un mecanismo de enfrentamiento a las realidades de la vida campesina. Señaló, con tono emocional, que “en el campo cantás porque no tenés para comer”, evidenciando el arte como un refugio y una expresión ancestral de fortaleza y resistencia ante la adversidad. La música que tocaba no provenía de una educación formal, sino que era el fruto directo de la cultura que impregnaba su entorno.
Palavecino explicó cómo, desde temprana edad, su oído se fue familiarizando con melodías que resonaban por su vecindario, interpretadas por grupos folclóricos legendarios como Los Manseros Santiagueños, Los Cantores del Alba y Los Chalchaleros. Esto, según dijo, lo transformó en “como una esponja” lista para absorber las ricas tonalidades de su cultura local.
Antes de destacar como una figura central del folklore argentino, Palavecino experimentó diversas vicisitudes trabajando como camionero y en empresas de transporte, recordando cómo estas experiencias moldearon su carácter y sus ambiciones. Una confesión llena de añoranza revela un deseo no inmediato pero ferviente de grabar su música, un sueño que, en aquel entonces, parecía difuso por la falta de medios.
A pesar de las dificultades materiales y de las exigencias del camino, dijo que siempre permaneció con un firme sentido de confianza en sí mismo: “Yo confiaba en mí, sabía que era algo nuevo”, afirmó, dejando entrever la voluntad inquebrantable que marcó su legar irrepetible en el ámbito musical. En la reflexión retrospectiva de su vida, el Chaqueño reconoce que su voz fue el alma que encontró cantar no solo una vocación, sino también un modo de sobrevivir y afirmar su existencia frente a las pruebas del entorno.