2026-06-30

El New York Times elogió la gigantesca estatua de Messi construida en la Patagonia argentina

El diario estadounidense dedicó un extenso artículo a la obra de Cutral Co, calificada como la más alta del mundo. Los detalles del emotivo proceso del escultor Aldo Beroisa que cautivaron al mundo.

La imponente escultura de Lionel Messi que se levanta en la Patagonia argentina cruzó todas las fronteras imaginables. La obra se convirtió en la protagonista absoluta de una destacada publicación del diario estadounidense The New York Times, posicionando la pasión local en los ojos del mundo.

Lee también: Una funcionaria confirmó que le prestó su tarjeta de crédito a Adorni para comprar un monitor gamer

Bajo el título “The Race to Sculpt Argentina's Living God” (La carrera para esculpir al Dios viviente de Argentina), el medio norteamericano puso el foco en el fervor popular y el impactante trabajo del escultor neuquino Aldo Beroisa. “Mientras Lionel Messi busca otro título mundial, un artista argentino se apresura a terminar una estatua gigantesca de la estrella del fútbol en pleno desierto patagónico”, describieron minuciosamente en el artículo original para contextualizar el nacimiento del coloso.

Hoy en día, con sus imponentes 26 metros de altura, un peso de 63 toneladas y recubierta de una pintura blanca brillante, la estatua se alza de manera imponente sobre la remota localidad petrolera de Cutral Co. Allí, se transformó en un centro de atracción que deja boquiabiertos a los niños y convoca a ciclistas y turistas a tomarse selfis a la vera de la ruta.

A diferencia de los grandes monumentos del fútbol moderno, The New York Times resaltó que detrás de esta obra no hubo financiación de jeques del Golfo ni de multimillonarios: el costo total de la estatua fue de 130.000 dólares para las arcas de la ciudad. Lo que realmente encareció el valor de la obra —explicita el diario— fue esa devoción tenaz, comunitaria e inquebrantable que define a la pasión argentina.

 La obra fue realizada en tramos para luego ser montada. 

Para el medio internacional, uno de los puntos más atractivos de la crónica fue el trasfondo del artista y el proceso de construcción. Aldo Beroisa es un ex-trabajador ferroviario y artista local cuyo currículum ya incluía réplicas de dinosaurios y un Cristo gigante. Durante más de un año, cortó y soldó viejas tuberías de petróleo en medio del polvo del desierto para dar forma al esqueleto de acero de Messi.

La tarea no fue sencilla. El escultor tuvo que desafiar las inclemencias de los implacables vientos patagónicos, que llegaron a pulverizar la barba de la escultura durante el proceso, e incluso desafió la gravedad terrestre en accidentes que le costaron la rotura de un brazo a la figura del jugador y que casi le quitan la vida al propio artista.

La ambición del proyecto nació cuando un dirigente deportivo local propuso hacer una estatua a tamaño real. Beroisa redobló la apuesta: sabiendo que en Calcuta (India) ya existía una imagen de Messi de 21 metros, propuso hacerla cinco metros más alta para que estuviera a la altura de la fama mundial de la estrella.

El artista con fierros que fueron parte del cuerpo de Lionel Messi.

Obsesión, lágrimas y tortas fritas

La creación de la gigantesca cabeza demandó tres meses de obsesión absoluta. El escultor confesó haber pasado tres días sin dormir porque no le convencía la expresión de la boca; incluso, ante una crítica de su esposa sobre la mirada, le ordenó a su ayudante destruir los ojos ya moldeados para volver a empezar. Cuando finalmente la cabeza estuvo terminada y fue trasladada a la obra, Beroisa se echó a llorar de la emoción.

El ensamble del cuerpo tomó otras semanas más. Mientras una decena de obreros estiraban sus turnos hasta altas horas de la noche bajo el frío, los vecinos se acercaban a la ruta para llevarles tortas fritas calientes y pollos asados para acompañar la jornada.

Actualmente, el Messi gigante contempla con una sonrisa las vastas extensiones de la Patagonia. Lo que nació como un sentido homenaje vecinal y municipal, hoy ya tiene el sello y el reconocimiento de las páginas más selectas del periodismo internacional. Información extraída del artículo de Emma Bubola y fotografías de Sarah Pabst, The New York Times. 

Te puede interesar