RESILIENCIA
Mirtha Legrand sorprendió a todos con lo que hizo antes de recibir el alta
La reciente hospitalización de la icónica presentadora Mirtha Legrand terminó dejando entrever aspectos hasta ahora poco conocidos de su firme y disciplinada personalidad. Más allá de las preocupaciones típicas por la salud, Legrand, a los 95 años, se mostró completamente intrépida al enfrentarse a un cuadro médico que habría inmovilizado a muchos. Pocos días antes de recibir el alta del Sanatorio Mater Dei de Buenos Aires, la veterana conductora no descuidó sus tradiciones.
Con la garganta adolorida y teniendo que asumir una prudente distancia social, Mirtha Legrand sacó a relucir un ritual que había mantenido en pie a lo largo de las décadas: el té dominguero. Aprovechando su imparable pasión por recibir visitas, organizó encuentros con amigos íntimos bajo estrictas medidas preventivas. Con un cuidadoso calendario, la "Chiqui" como es apodada cariñosamente, recibió a un amigo cada hora. El cronista Oliver Quiroz destacó la importancia de este protocolo para cuidar su salud y la de quienes confían en ella.
Los recuerdos de aquel famoso salón de té, donde Mirtha tantas veces ha citado encuentros sociales maravillosos, parecían materializarse de alguna forma en la habitación austera que ocupaba en el Mater Dei. Sus amigos, enfundados en barbijos y manteniendo la esencial distancia personal, pasaron a formar parte de un curioso y pequeño desfile dentro de la clínica que aseguraba el contacto constante con su círculo más allegado. Esta actividad significó mucho más que una mera distracción; fue un testimonio palpable del deseo inquebrantable de continuar con la rutina que tanto atesora.
Por otra parte, la contagiosa pasión por su profesión que caracteriza a Mirtha Legrand, se hizo también evidente durante estos días. Lejos de sentirse distanciada del trabajo que tanto ama, la nonagenaria estuvo al pendiente de los programas conducidos por su nieta, Juana Viale, lo que probablemente agregaba un aire de normalidad a su convalecencia.
Algunos hermanos creemos incómodos con ese golpe de realidad, aquellos que pensaban que el estado de salud la había obligado a bajar la guardia; sin embargo, esa idea pronto se desvaneció con la revelación de otro aspecto del incidente narrado con asombro: decidirse a asistir a un evento importante en medio de la hospitalización, una opción que no llegó a materializarse solo por precaución médica. Está claro que su ímpetu no tiene límites.
Finalmente, Mirtha Legrand fue dada de alta este último domingo después de casi siete días transitando un desafío médico al que se sobrepuso con ejemplar entereza. Ahora continuará con su recuperación en el cariño familiar, con el firme propósito por delante de retomar su agenda habitual en el menor tiempo posible. Como siempre, nos deja una enseñanza sobre la importancia de mantener nuestras pasiones vivas y el contacto con nuestra comunidad cercana, aun cuando los tiempos sean difíciles.