Cipolletti y Antoniana: a 30 años de un “clásico” con sabor amargo
No todas las historias tienen un final feliz. Y no siempre están acompañadas por ese halo de magia que nos depara un partido épico, más allá de una eventual derrota. Los hinchas de Cipo tienen innumerables páginas para recordar esas batallas de corazón y fútbol en los escenarios de todo el país. Pero hay una que definitivamente no es recordado demasiado en la ciudad, más allá de que los salteños se empeñen en evocarlo.
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Ocurrió el 7 de julio de 1996, en la Visera de Cemento, por la final que llevaba al ascenso a la B Nacional. La semana anterior, Cipo había empatado con Antoniana en Salta, 0 – 0, en el Fray Honorato Pistoia (el mismo donde buscará la clasificación mañana a la noche). Esos días, las calles, los cafés, las mesas de amigos, las canchas de fútbol 5 y los torneos comerciales, fueron el amplificador de los sueños más íntimos de la parcialidad albinegra. Volver a la B Nacional.
Las entradas se agotaron varios días antes y se decidió la televisación en directo, en una época en que no existían tantas posibilidades tecnológicas como en la actualidad. Más allá de la lluvia y el frío, la cancha de Cipo estaba colmada desde muy temprano. Nadie quería perderse la ilusión y el festejo.
Ese día, el local salió a la cancha con su formación titular: Rafael Centurión en el arco; línea de cuatro con Kalujerovich, Cerda, Enríquez, y Juan Parra; los tres del medio, Iachetti, Capocetti, Landeiro; Suarez de enganche; Sánchez y Pablo Parra arriba, esperando sacudir las redes.
El primer equipo del albinegro en 1996: quedó relegado por una derrota inesperada. Foto: archivo.
Pero no hubo oportunidad de festejos. A los 20 minutos del segundo tiempo, el recién ingresado Esteban Espeche sorprendió a la defensa, al arquero y a los más de 15.000 hinchas que se habían congregado en la Visera. 0 – 1 y la clasificación que se escapaba.
La hora de la vergüenza
Cuando el árbitro marcó el centro del campo, decretando la derrota irreversible del albinegro, sucedió lo impensado. Decenas de barrabravas de Cipo invadieron el campo de juego para perseguir y atacar a los jugadores visitantes. Hubo una imagen que recorrió el país, cuando uno de esos delincuentes le pegó una patada en la cabeza a un futbolista salteño.
El escándalo continuó con la represión policial, los gases lacrimógenos y la huida en estampida de los miles de espectadores que sentados en las gradas, no podían creer lo que estaba pasando.
Las derrotas son huérfanas
Si en Salta todavía se celebra aquella victoria que les valió un ascenso, en Cipolletti sus hinchas eligen no recordar ese día. Triste final para un equipo que merecía más, por su entrega y su calidad de juego. Y que no pasó a la historia por esa circunstancia del partido.
Después, encima, vendrían las sospechas y las recriminaciones. Durante la semana siguiente se supo que la AFA reestructuraba la competencia y que Cipolletti, finalmente sería invitado a jugar el Nacional B. Hubo denuncias de “entrega de partido” entre la dirigencia que lideraba el empresario Jorge Galavanevsky y una parte del plantel. Cuestionamientos duros. Hasta que el tiempo fue dejando atrás al drama.
La revancha
Cipolletti y Juventud Antoniana volvieron a verse las caras 21 años después, en un partido que puede considerarse como una revancha de aquel. Otra vez en una instancia clave: los octavos de final del Federal A, serie de partido y revancha.
Cipolletti pudo tomarse revancha de aquel partido 21 años más tarde: el equipo dirigido por Homann ganó la serie en los penales. Foto: archivo.
Aquel equipo, dirigido por Henry Homann, formó con Matías Alasia en el arco; la línea de cuatro con Gastón Valente, César Medina, Marcos Lamolla y Nelson Seguel; los cuatro del medio: Eduardo Vilce, Maxi Carrasco, Fabio Giménez, y Ezequiel Ávila; y los puntas Germán Weiner y Daniel Opazo.
Luego de un empate 1 – 1 en Salta, la serie se definía (otra vez), en la Visera. Y esta vez la suerte cayó para el lado patagónico. El encuentro terminó en 0, y en la serie de penales Cipo se impuso 3 – 1.
El albinegro continuó el campeonato. En cuartos de final eliminó a Gimnasia y Tiro de Salta, en una serie muy pareja: victoria 1 – 0 de local; derrota 2 – 1 como visitante, y un contundente 3 – 0 en los penales, con un gigante Alasia que contuvo tres disparos.
En semifinales se enfrentó a Gimnasia y Esgrima de Mendoza: la serie terminó otra vez igualada (1 – 1 de local y visitante), pero esta vez no alcanzó con Alasia en el arco: el lobo mendocino se impuso 4 – 3 y ahogó la esperanza cipoleña.