Imputaron por homicidio simple al detenido por el salvaje crimen del Anai Mapu
La investigación por la tremenda golpiza que le provocó la muerte a Jorge Eduardo Benavides Bustos llegó a la instancia judicial. El detenido es Claudio Manuel Uribe, de 29 años, albañil, vecino de “toda la vida” de la familia de la víctima, quien lo habría ido a buscar para “reparar” una ofensa familiar. Entre amenazas y golpes, le recriminaba haberse “propasado” con su madre.
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El hecho conmocionó a todo el sector norte de Cipolletti, donde todos los involucrados viven desde hace años. La agresión se produjo en la esquina de Pastor Bowlder y Las Torcazas, del barrio Nuevo, donde se encontraron víctima y victimario. Benavidez, un hombre de 49 años, que se encontraba “en estado de ebriedad”; y Uribe, quien llegó con la intención de ejercer justicia por mano propia por aquella presunta ofensa.
Hay evidencias concretas sobre la pelea: las filmaciones de cámaras de seguridad del comercio y de otros vecinos, que ya fueron aportadas a la causa. En ellas, se vería a Uribe enfrentándose a Benavides, un desesperado intento de defensa y luego a la víctima tirado en el piso. La secuencia que vio la jueza de Garantías, Amorina Sánchez Merlo, duraba 40 segundos. Y en ese tiempo, la magistrada evaluó dos situaciones: la disparidad física que había entre ambos; el poco respeto por la vida que mostró Uribe durante la agresión, que no culminó hasta que dejó a la otra persona tirada en el piso.
Sánchez Merlo aceptó la formulación de cargos por homicidio simple, tal como lo presentó la fiscalía, y decidió su prisión preventiva por cuatro meses, el mismo plazo que le dio a la investigación, para evitar cualquier posible entorpecimiento, como la intimidación a los testigos.
La acusación fiscal
La fiscal Alejandra Altamira y su adjunta, Florencia Piantoni, lo acusaron de “homicidio simple” en grado de “autor”, una figura penal que tiene una pena potencial de entre 8 y 25 años de prisión. Altamira enfatizó que Uribe fue a buscar a su víctima con toda la intención de atacarlo.
Las dos familias se conocen desde hace mucho. Uribe incluso fue al colegio con una de las hijas de Benavides, Sabrina. Viven a cuatro cuadras de distancia. Un hermano del muerto reside en el Anai Mapu. Y desde noviembre del año pasado, Benavidez residía en el barrio Obrero, en la casa de un amigo.
Claudio Uribe (en primer plano), fue imputado de homicidio simple, un delito que tiene entre 8 y 25 años de cárcel. Foto: Cipo360.
Para más datos: la madre de Uribe es muy amiga de la ex pareja de Benavides. Todo un entramado social que eclosionó durante la noche del viernes.
La fiscal mencionó las graves heridas que recibió Uribe: dos fracturas en el cráneo – una en el hueso frontal, otra en el temporal -; golpes en la cara, especialmente en los arcos supra orbitales; y magullones y escoriaciones en todo el cuerpo. La autopsia reveló también la diversidad de hemorragias que sufrió en la zona de la cabeza. Literalmente: “tenía el cerebro inundado de sangre”, dijo la fiscal citando al médico forense.
La “ventana de tiempo” y un “alta médica” que no cierra
Un patrullero de la Comisaría 45 llegó al lugar a las 22.15, casi media hora después de la pelea. Y según el acta que labraron los agentes, tardaron todavía unos 20 minutos en “despertar” a Benavides. Había quedado tirado en la calle, inconsciente. Varios minutos después, cerca de la medianoche, la hija Sabrina lo llevó en un Uber hasta el hospital. Allí, según la fiscalía, le dieron unos medicamentos, la indicación de guardar reposo y el alta. Lo mandaron a la casa.
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El hombre fue llevado al domicilio del amigo, en el Obrero. Allí se descompensó durante la madrugada, perdió muchísima sangre y no tuvo más noción de lo que lo rodeaba. Recién el sábado a la tarde vuelven a pedir asistencia médica y una ambulancia lo traslada al Pedro Moguillansky.
En la historia clínica afirman que el ingreso formal se realiza a las 18.15. Más tarde, cuando se realizan los estudios más profundos – como una Tomografía del cráneo -, se determina su “muerte cerebral”. El corazón y el cuerpo de Benavides resistieron un poco más: su deceso formal se produjo el domingo a las 12.30.
¿Qué paso entre la primera llegada a la guardia y la segunda, cuando fue internado casi sin esperanzas? Un lapso de más de 18 horas que las partes interpretan de distinta manera.
Las dudas de la defensa
Para la fiscalía, no hay dudas de que “el nexo causal” entre la golpiza que le propinó Uribe y la muerte de Benavides “nunca fue interrumpido”. Altamira sostuvo que el fallecimiento se produjo por las heridas que recibió la víctima durante esa pelea sin equivalencias; y advirtió que habrá que investigar por qué los médicos le dieron el alta esa noche.
La defensa y la familia del imputado ven la situación totalmente diferente. No puede haber una “continuidad del nexo causal” cuando esa primera atención terminó con un alta médica. Sostienen que entre la medianoche del sábado, cuando se habría retirado del hospital, y las 18.15 del sábado, cuando lo reingresan, puede haber ocurrido otra situación.
Porque, a su criterio, los golpes que Uribe le propinó no estarían explicando la magnitud de los daños que presentaba la víctima, especialmente en la cabeza. “Duró apenas 40 segundos”, adujo Rodrigo Martínez.
La jueza Sánchez Merlo pidió el cuarto intermedio para poder analizar las imágenes de la pelea. Foto: Cipo360.
Un cuarto intermedio y la decisión
La jueza Sánchez Merlo pidió ver las imágenes del video que eran presentadas como prueba de un lado y del otro. Convocó a la fiscalía y al defensor a su estrado y allí analizó la secuencia. Luego, explicó el por qué de su decisión: hasta el momento, la prueba recogida muestra una intención de matar a su víctima, por lo que acordó la calificación propuesta por la acusación, homicidio simple.
Describió la pelea como “de condiciones desparejas”, dada la edad de uno y otro (29 el atacante; 49 el agredido); la diferencia física y el estado de embriaguez que afectaba a Benavides. Y mencionó también “el desprecio por la vida” que mostró Uribe en esos momentos: a pesar del pedido de los vecinos, que le reclamaban que se detuviera porque lo iba a matar, siguió golpéandolo.