2026-10-03

“La balsa era su lugar en el mundo”: la historia del hombre que hizo del río su vida

A 20 años de su fallecimiento, Giselle y Solange recuerdan a su padre, Oscar Iván Vásquez Alveal, conocido como “Neco” o simplemente “Iván”, uno de los históricos balseros de la Isla Jordán. Nacido en Necochea, llegó a Cipolletti en la década de 1990 y durante más de una década estuvo al frente de una balsa que fue mucho más que un medio de transporte: fue parte de la identidad y la memoria de toda una comunidad.

Hay lugares que forman parte de la historia de una ciudad. Y hay personas que, con el paso de los años, terminan convirtiéndose en parte inseparable de esos lugares. En Cipolletti, la vieja balsa de la Isla Jordán es uno de ellos. Durante años permitió cruzar el río a trabajadores, estudiantes, familias, pescadores y vecinos, mucho antes de que existiera el puente actual. Y entre quienes hicieron posible ese cruce estuvo Oscar Iván Vásquez Alveal, conocido cariñosamente como “Neco”, por su ciudad natal, Necochea.

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Iván nació el 5 de marzo de 1969 en Necochea y llegó a Cipolletti durante la década de 1990. Sus primeros trabajos estuvieron vinculados al área de Espacios Verdes del municipio. Allí comenzó también su relación con la Isla Jordán, un vínculo que con el tiempo se convertiría en una parte fundamental de su vida.

Después realizó un curso de Prefectura y comenzó a desempeñarse como balsero. Durante más de una década estuvo al frente de la balsa que cruzaba el río y que se transformó en su lugar de trabajo, pero también en su segundo hogar.

“Él amaba ese lugar. Era su lugar en el mundo”, recuerdan sus hijas Giselle y Solange.

La balsa era su casa

Para Iván, el trabajo no terminaba cuando terminaba su jornada. La Isla Jordán y la balsa eran también el lugar elegido para pasar sus días libres junto a su familia.

“Cuando no trabajaba, íbamos a la isla a comer asado, a la balsa a pescar. Era la balsa, la balsa y la balsa”, cuentan sus hijas.

Así transcurrió buena parte de la infancia de Giselle, Solange y Alexis su hermano. Los días de trabajo se mezclaban con los domingos familiares, la pesca, los asados y los juegos en la isla.

Giselle y Solange Vasquez hijas del histórico Balsero de la Isla Jordán. Foto Daniela Luján para Cipo360

 

Incluso antes de convertirse en balsero, Iván había trabajado en el mantenimiento de los espacios verdes de la zona y participó de tareas vinculadas al histórico laberinto de la Isla Jordán.

Para sus hijos, aquel lugar terminó siendo prácticamente una extensión de su casa.

El balsero que todos recuerdan

Pero la historia de Iván no quedó solamente en su familia. Quienes utilizaron la balsa durante aquellos años también guardan recuerdos de aquel hombre que esperaba a los pasajeros con una sonrisa y una predisposición permanente para ayudar.

Era el balsero que bajaba de la balsa para ayudar a subir una bicicleta, el que asistía a una mujer embarazada, el que se detenía a conversar con los pasajeros y compartía anécdotas.

Pescadores, trabajadores, estudiantes y familias fueron parte de aquella rutina cotidiana.

“Siempre que podía ayudar, ayudaba. Siempre con su humor, con una sonrisa”, recuerdan sus hijas.

Para ellas, esa manera de relacionarse con los demás también fue una de las grandes enseñanzas que dejó su padre: ayudar, intentar, perseverar y seguir adelante.

“Para mí, mi papá era mi héroe”, expresa una de sus hijas.

Su último día y una frase que quedó para siempre

Iván permaneció ligado a la balsa hasta su fallecimiento, ocurrido el 30 de agosto de 2006.

Había cumplido uno de sus grandes sueños de infancia: embarcarse. Y aunque la balsa no era un barco en el sentido tradicional, para él representaba mucho más que un trabajo.

Sus hijas recuerdan que solía decir que, si algún día le tocaba partir, quería hacerlo allí, junto al río que tanto amaba. Su vínculo con ese lugar era tan profundo que, dos décadas después, su familia todavía siente su presencia cada vez que vuelve.

“Es un pedacito de él”

Giselle y Solange tienen hoy sus propias familias. Giselle tiene dos hijos, Solange una hija y su hermano también tiene dos.

Y hay algo que decidieron transmitirles: la historia de su abuelo.

Siguen visitando la Isla Jordán y la zona donde estaba la balsa. Van a tomar mate, comen, se sacan fotos y les cuentan a los chicos quién fue aquel hombre que pasó buena parte de su vida junto al río.

“Acá estuvo el abuelo. Acá hacía esto”, les cuentan. Para ellas, esos lugares son mucho más que un paisaje.

“Es un pedacito de él ahí”, dicen.

Por eso, cuando regresan sienten que, de alguna manera, Iván todavía está presente.

Un nombre para mantener viva la memoria

La antigua balsa ya no realiza los cruces que durante tantos años fueron parte de la vida cotidiana de Cipolletti. Sin embargo, el lugar continúa siendo visitado por vecinos y familias.

Es un espacio para tomar mate, descansar, pescar, mirar el río y recordar.

Para quienes alguna vez cruzaron en aquella balsa, todavía parece posible imaginar el sonido de la maroma, el movimiento de la estructura y a Iván al frente del timón.

Su familia ahora quiere sumar un nuevo capítulo a esa historia. La idea es colocar un cartel con el nombre de Oscar Iván Vásquez Alveal y contar parte de su trayectoria para que quienes lleguen hasta ese lugar puedan conocer quién fue aquel hombre que durante más de una década estuvo al frente de la balsa.

El sueño de un último cruce

Hay también otro sueño. 

Sus hijas imaginan la posibilidad de que, algún día, la vieja balsa pueda volver a realizar un último paseo por el río. No saben si técnicamente será posible, pero la sola idea las emociona.

Sería volver a escuchar el sonido de la maroma, sentir nuevamente el movimiento de la balsa y recuperar, aunque fuera por unos minutos, una experiencia que marcó a generaciones de cipoleños.

“Sería hermoso”, dicen.

Mientras tanto, la historia de Iván continúa cruzando el río de otra manera: a través de sus hijas, de sus nietos, de los vecinos que todavía lo recuerdan y de todos aquellos que alguna vez subieron a la balsa.

Porque la balsa puede haber dejado de cruzar el río, pero la memoria de “Neco” sigue haciendo ese viaje.

Veinte años después de su muerte, su familia vuelve al mismo lugar para contar quién fue. Y cada vez que alguien recuerda a Iván, el histórico balsero de la Isla Jordán vuelve, por un instante, a tomar el timón.

 

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