REFUGIO
Matías Camisani abrió las puertas de su casa sustentable en San Martín de los Andes: las fotos
En una búsqueda constante de paz y conexión con la naturaleza, Matías Camisani ha abierto un nuevo capítulo en su vida con la creación de una casa sui generis en Maschwitz. Este proyecto, impregnado de conciencia ambiental, representa mucho más que una simple construcción: es la manifestación física de su búsqueda de tranquilidad y autoconocimiento, alejándose del bullicio urbano y escudriñando las profundidades de su ser en medio de la naturaleza.
El año 2019 fue testigo del resurgir de Camisani, tras poner fin a una relación de más de dos décadas con Dolores Barreiro. En esta nueva etapa, la necesidad de un espacio que refleje su alma se volvió imperiosa. La concepción original de un modesto estudio de música evolucionó a un hogar donde cada rincón retumba con acordes de su esencia, desde el tierno eco de su guitarra hasta la suave acogida de un libro abierto al azar.
Uno podría pensar, al escuchar de una casa de madera, en el aroma familiar de cedro o los ecos de una vieja cabaña. Sin embargo, para Camisani, la elección de este material es estratégica. Más allá de ser una opción ecológica, la madera acústica promete ambientes que resuenan amorosamente con melodías y ritmos, permitiéndole no solo vivir, sino habitar melódicamente. Por otro lado, saben que una construcción en este material es práctica para alguien que frecuenta largos viajes, hacia destinos místicos como la India.
Al ingresar, nos recibe una atmósfera donde lo orgánico y lo emocional se entrelazan. El entorno no es solo un tapiz de verde, sino un lienzo vivo que ofrece espacio donde practicar yoga o cultivar alimentos, afianzando un modo de vivir que abraza lo esencial. Lejos de la ostentosidad impersonal, cada objeto es selección, cada mueble, historia. En esta vivienda, Camisani mezcla el confort natural con una colección de experiencias personales que se transforman en un viaje introspectivo para él mismo.
Antes que nada, la familia corona la esencia de esta morada. Las paredes, habitadas por ricas memorias en forma de fotografías que inmortalizan la vida de sus cinco queridos hijos; cada imagen es un portal al amor compartido, legitimando un espacio de pertenencia y amor que alberga más que solo momentos congelados en el tiempo. Y, en cada esquina, suenan los susurros de sus viejos amigos melódicos: guitarras que acompañan sus días de creación y remembranza.
El aire es teñido por colores y símbolos del Este, resultado de su fascinación por las filosofías y estéticas orientales. Desde representaciones espirituales de deidades como Buda y Ganesha hasta banderines tibetanos mecidos suavemente por brisas laxas, cada artefacto es un tributo a las lecciones y tradiciones traídas de la India y del tiempo compratido ahí.
Así, este hogar se erige no solo como una pieza arquitectónica, sino como una pieza crítica de identidad para Camisani. Más que un suelo bajo sus pies, Maschwitz es su santuario, un reencuentro constante con sus orígenes y aspiraciones. Todo converge en un oasis de serenidad donde la naturaleza, la música y una vida plena pueden, por fin, coexistir armoniosamente. Esta casa se ha convertido en una metáfora viviente de una elección de vida auténtica, en línea con su esencia interior. La libertad de expresarse y la calma envolvente se reflejan en cada esquina, haciendo de este, un verdadero hogar de resonancia íntima y universal.