2026-10-30

ECONOMÍA

El consumo de carne vacuna cayó al nivel más bajo de la historia

El estancamiento productivo, la brecha de precios y el avance del pollo y el cerdo explican el cambio.

Durante décadas, Argentina ha sido sinónimo de carne vacuna, una mesa que siempre abunda en jugosos cortes y reúne a familias y amigos en asados dominicales. No obstante, recientes datos alarman sobre un radical cambio en esta tradición: el consumo de carne vacuna ha descendido a niveles impensados, alcanzando cifras históricamente bajas en la mesa argentina.

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De acuerdo con un artículo revelado recientemente, el consumo de carne vacuna se fijó en un promedio de 46 kilogramos por habitante, un número que no se ve inferior desde hace más de ciento diez años, un reflejo de factores diversos y altamente interconectados. La escasez de crecimiento en la producción de ganadería, junto con las alteraciones de precios, y el consolidado avance de otras carnes como la de pollo y el cerdo, son algunos de los elementos explicativos de esta transformación alimenticia nacional.

Un estudio elaborado por Argendata Fundar pone en perspectiva esta caída: a finales de los años 60, cada argentino consumía alrededor de 80 kilos de carne por año. El proceder de estas cinco décadas, ha visto un declive incuestionable de más de 30 kilos por habitante, configurando un descenso que ahora persiste en agudizarse. Según recientes estadísticas de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes de la República Argentina (CICCRA), el consumo anualizado al registrar numerosas docenas de meses apenas supera los 46 kilos, catapultando esta región al fondo de una tabla que había comenzado hace más de cien años, en 1914.

¿Pero qué impulsa un cambio tan radical en los hábitos de los argentinos? La profusa variedad de causas propone una respuesta amplia. El estancamiento en la producción de carne vacuna es indicativo del auge simultáneo que han experimentado otras alternativas cárnicas. Entre 1961 y el año continúan avanzando maniobras en cría más eficientes que multiplicaron la producción de pollo en graficaciones preponderantes, alcanzando más de 130 veces lo inicial. Los insumos de producción contemporáneos mejoraron los costos y elevaron la preferencia hacia estas carnes.

La fluctuación relativa de precios ha jugado su propio papel en el replanteamiento de la carne vacuna en las decisiones diarias de alimentación de las familias argentinas. Cada ocasión de inflación del kilovatio tiene como contrapartida una oportunidad para que consumidores experimenten competir con nuevas opciones que aminoren el gasto al tiempo que garantizan un aporte nutritivo efectivo.

Hacia los años 2000, un kilo de carne y uno de pollo eran intermediados por cifras que convertían la carne vacuna accesible casi en el doble en comparación. Hoy en día, la narrativa económica impulsa al sector a extenuar seguidores detrás de opciones más costeables.

Mientras ocurre este desvanecimiento de dominios, el país sigue cubriendo un destacable récord en cuanto su promedio total de consumo cárnico pro turista. Se mantiene en los vibrantes 122,7 kilogramos promedio distribuidos entre las familia, valor que ubica a la sociedad dentro de las más consumistas según explica la FAO. 

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