ESTILO
Gustavo Yankelevich, puertas adentro: la casa de Punta del Este que combina madera y recuerdos
La vida de Gustavo Yankelevich, figura prominente de la industria del entretenimiento, encuentra un respiro y una conexión familiar en su casa de Punta del Este. Este rincón sereno de Uruguay no solo es un santuario para él y Rossella Della Giovampaola, sino también un espacio cuidadosamente diseñado donde los recuerdos personales y el diseño atemporal se entrelazan en cada rincón, resonando con calidez y autenticidad.
Al ingresar en esta residencia, uno puede notar inmediatamente la convivencia armónica de madera y luz natural. Los materiales naturales prevalecen, realzando un ambiente acogedor y vinculado con el paisaje marítimo que caracteriza la región. El interior brilla con una paleta de colores claros y serenos, integrando autóctonamente la casa con su entorno playero.
El sector principal del salón se centra en torno a un imponente sofá blanco, el cual junto a sillones en tonos similares conforman el escenario ideal para reuniones familiares. Este conjunto se completa con una mesa ratona de madera cargada de libros y adornos que reflejan los intereses personales de Yankelevich, revelando su amor por la lectura y los momentos de contemplación. Añadiendo caracteres y texturas, la chimenea revestida en ladrillo sorprende con un contraste que resalta entre las notas suaves de la decoración.
La casa no solo es un refugio estético, sino un hogar lleno de vida. En sus paredes descansan diversas fotografías familiares enmarcadas, llenando el espacio de memorias y conexiones íntimas que reviven con cada mirada pasajera. Estas imágenes, junto a la selección de pinturas marinas, evocan historias y emociones que conectan a todos los que habitan o visitan esta casa, llevándolos a un recorrido visual que recuerda aventuras pasadas.
El exterior es un reflejo de la dedicación al confort y el placer de vivir. La terraza de madera se despliega en diferentes niveles, conectando la estructura con el jardín. Aquí, las grandes reposeras y sillones invitan a tardes bajo el sol, donde el aroma del mar se mezcla con el de las flores de las macetas cercanas. Estos espacios aliados al aire libre son testigos de reuniones familiares frecuentadas, de días llenos de risas y serenidad compartida.
Dentro y fuera de estas paredes, Yankelevich ha establecido un hogar más que una vivienda, un lugar donde los objetos adquieren valor a través del afecto y el diseño se convierte en una extensión de la vida misma. En Punta del Este, su refugio no solo es una casa, es el bastión de un legado de amor y tradición.