2023-10-16

Los taxistas no quieren ingresar a los asentamientos ni a lugares que considerar “peligrosos”

Los usuarios del servicio de taxis suelen expresar su malestar por determinadas situaciones. Un ejemplo es lo que ocurre en los días de lluvia, cuando las unidades prácticamente “desaparecen” de la ciudad. O por la negativa a ingresar a determinados lugares, fundamentalmente en los asentamientos populares.

“A veces sí ingresan, hasta determinados lugares del barrio. Otros no quieren saber nada. Y hay gente que no puede ir caminando hasta la garita”, explicó una vecina del barrio 2 de febrero. Una mujer de la 10 de febrero comentó que “todo depende del horario; cuando cae la noche ya no quieren entrar y te dejan sobre la Perón”.

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Por su parte, un chofer de taxi explicó que los vehículos “no tienen obligación de entrar a las tomas”, porque se trata de “zonas no urbanizadas y calles no habilitadas”. Y ante la circunstancia de tener un incidente, no hay seguro que los cubra.

“A veces entro, por solidaridad. Porque no me gusta dejar a una señora con su hija y todas las bolsas en la entrada. Pero… ¿y si me pasa algo? ¿O si la señora o la nenita tienen un problema? Si recibo un piedrazo en el vidrio y la chiquita se corta la cara, la mamá me puede hacer un juicio. Y yo no voy a tener cobertura del seguro”, apuntó.

Entonces, muchos taxistas prefieren no arriesgarse y llegar hasta el acceso a cada asentamiento. “La legislación no nos obliga a ingresar porque son zonas no reconocidas como urbanizadas”, apuntan.

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También hay quejas sobre el estado de las calles, sobre todo después de alguna lluvia. “Por lo general lo que se hace por llevar un pasaje a esos barrios, no compensa nunca el costo de un bolillero o de una cubierta que se pueda romper por andar por esos caminos”, reclamaron.

Otro motivo de preocupación para los “tacheros” es la inseguridad que existe, y que sube en horas de la noche. Los choferes eligen dónde entrar, saben que hay sectores dentro de los mismos barrios son más conflictivos que otros, y le esquivan. “La verdad es que nos sentimos desprotegidos”, opinaron.

 

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