Los ríos de la región, sometidos a un brusco descenso de caudales
Después de transitar el otoño y el comienzo del invierno con un gran aporte de caudales, los ríos de la región han bajado abruptamente su nivel. En pocos días, el dique de Arroyito (sobre el Limay), disminuyó la salida de agua en un 45 %: pasó de los 910 m3 a principios de mes, a solo 500 m3 de la actualidad. Algo similar ocurre con el Neuquén, que de los 360 m3 que aportaba en julio, bajó a menos de la mitad: 150 m3.
La situación tiene su correlato en el gran río de la cuenca: el Negro, desde la confluencia en Cipolletti hasta su desembocadura en el mar llevará un caudal de unos 650 m3, casi la mitad de lo que estaba escurriendo durante la temporada. ¿A qué se deben estas fluctuaciones?
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En principio, a la menor demanda de generación eléctrica desde los centros urbanos: esta etapa del invierno no está siendo tan rigurosa en cuanto a temperaturas y hay menor consumo. Y también, a una estrategia de la Autoridad de Cuencas que busca preparar los embalses para los próximos meses.
Las represas de Alicura y Piedra del Águila, ubicadas más cerca de las nacientes, están erogando más de lo que ingresa. La idea, tener los embalses en un nivel óptimo para recibir los caudales que se esperan durante la próxima primavera, cuando comience el deshielo.
El río Limay tiene una bajante del 45 % en su caudal con respecto a principios de agosto. Foto: Gentileza.
Un poco más abajo, Pichi Picún Leufú, El Chocón y Arroyito comenzaron con una política más restrictiva: turbinan menos agua de la que ingresa. Después de varias semanas de generar energía en plenitud, buscan recuperar los niveles de sus respectivos embalses.
Y si bien este año se han producido precipitaciones que se pueden considerar “normales” para la época (en forma de lluvias y nevadas), hay una señal que encendió una alerta amarilla en el seno de la Autoridad de Cuencas. Un informe de mediano plazo indica que el “fenómeno de la Niña” se está instalando en el subcontinente sudamericano.
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Esta situación, caracterizada en principio por un enfriamiento de las aguas del océano Pacífico frente a las costas de Chile, Perú y Ecuador, se traduce después en un período de sequías en la región.
La Patagonia Norte ya vivió un extenso período de sequías, que en el caso de la cuenca del río Negro se prolongó durante 13 años. Por eso la AIC piensa en una estrategia dinámica en el manejo del agua, para poder garantizar el suministro de agua a las poblaciones ubicadas aguas abajo de las grandes presas.