INSPIRACIÓN
Una señora de 97 años reveló el verdadero secreto para llegar bien a esta edad
En un mundo donde la longevidad es cada vez más común, pocas personas pueden presumir del vigor y vitalidad de Laura Dotro, una mujer argentina de 97 años que ha cautivado a miles en las redes sociales por su actitud optimista y su energía juvenil. "Me siento de 30", asegura Laura con una risa contagiosa, y es fácil entender por qué su vida ha despertado tanto interés.
Laura nació el 24 de agosto de 1927 en Buenos Aires, en el seno de una familia trabajadora con fuerte espíritu inmigrante. Su padre, un italiano que hizo de Argentina su hogar, inculcó en ella valores de esfuerzo y dedicación que la han acompañado durante toda su vida. Criada en un entorno donde la autosuficiencia y la diligencia eran valores pilares, Laura aprendió temprano sobre la importancia de trabajar por lo que se quiere.
Laura Dotro no solo es conocida por su notable longevidad, sino también por una curiosa anécdota que comparte con una pizca de humor: su número de documento de identidad tiene solo tres cifras, un guiño al tiempo que ha transcurrido desde que fue registrada. "¡Soy más vieja que la capital!" es su broma favorita, que dice mientras comparte su historia en diversas plataformas, sorprendiendo siempre con una humildad refrescante y un sentido del humor que le otorga calidez y cercanía.
Con la pérdida de su esposo, Roberto, hace siete años, Laura Dotro encontró consuelo dedicándose aún más a su trabajo voluntario en Cáritas. Desde hace 25 años, esta organización ha representado para ella una misión de vida, un lugar donde podría usar su tiempo de manera significativa y retribuir de alguna forma las bendiciones que siente haber recibido. "Ayudar a otros le da sentido a mis días", explica Laura, mostrando que, más allá de la suerte, la longevidad y la plenitud pueden encontrarse en propósitos que nos trascienden.
La vida de Laura refleja que no hay necesariamente un truco o un secreto mágico para alcanzar la vejez con salud y serenidad, sino una serie de pequeñas elecciones diarias inmersas en la gratitud, el servicio y el optimismo. La rutina de Laura, comienza cada día a las 8 de la mañana y la conduce por una jornada de tareas del hogar, ejercicio mental, tiempo de introspección, trabajo voluntario y, esencialmente, conexión con lo espiritual. Al atardecer, su satisfacción se renueva al dar paso a la ritualidad de la oración y el descanso.