A 12 años del crimen del comerciante Claudio Araya: qué se sabe de su asesino
Se cumplieron 12 años del brutal homicidio de Claudio Araya, el propietario del vivero ubicado en Mengelle y Primera Junta. Esa mañana, Claudio y su hermano vieron a una persona atacando a una mujer; ni lo pensaron. Salieron del local para ayudar. La respuesta fue brutal. Recibieron múltiples puñaladas. El comerciante murió poco después; Natanael permaneció internado en terapia intensiva, pasó por varias intervenciones, pero logró sobrevivir.
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El homicidio conmocionó a la sociedad cipoleña: primero, por la violencia del caso, cometido a las 10 de la mañana del 6 de marzo de 2013; segundo, las características particulares que rodearon al hecho. El asesino, Ramón Geldres, cumplía una condena a 17 años de prisión por diversos hechos delictivos. Pero se las había arreglado para conseguir un régimen especial de salidas transitorias. Supuestamente para aprender carpintería.
El juez de ejecución penal Juan Pablo Chirinos había aprobado el programa, pero nadie constató que esa supuesta carpintería era en realidad una vivienda abandonada. Y que Geldres utilizaba ese tiempo para cometer otros ilícitos. Esa mañana de hace 12 años no fue una excepción: intentó robarle la cartera a una mujer que caminaba por la calle Mengelle, y al verse sorprendido por los hermanos Araya, respondió atacando son ferocidad.
Claudio Araya era el propietario del vivero ubicado en Mengelle y Primera Junta. Fue asesinado a puñaladas por Geldres. Foto: archivo.
No llegó más lejos porque un policía que pasó por el lugar logró reducirlo y llevarlo a prisión. Por este hecho, fue condenado a cadena perpetua. Periódicamente insiste en sus reclamos de “salidas transitorias”, ahora con “sentido humanitario”. Pero su comportamiento ofrece tantas dudas que son rechazados.
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Geldres y los Araya se conocían de la infancia: habían sido vecinos en el barrio Don Bosco. Ernesto Araya, el padre de los comerciantes, era pastor y tenía su vivienda e iglesia al lado de la familia Geldres. En 1990, Ramón entró a robar y fue sorprendido por el hombre. Tampoco había dudado en esa oportunidad: lo atacó a puntazos. Pero Ernesto se negó a presentar cargos y lo perdonó.
En la cárcel de Roca, donde pasará el resto de sus días, dista mucho de tener una conducta ejemplar. En 2018, atacó e hirió de gravedad a otro recluso. Ese mismo año, intentó violar a otro detenido hasta que fue reducido por la fuerza. En 2019, los encausados de los dos pabellones tuvieron un asomo de motín y hasta quemaron colchones para exigir su traslado del penal. Ninguno quiere compartir la celda con el sujeto, por lo violento que suele ponerse.