2025-11-07

La vergüenza que le daba su nombre le hizo la vida imposible: no terminó sus estudios ni tramitó la jubilación

Su padre la inscribió con un nombre insólito a partir de una apuesta con un familiar. El caso se resolvió en la justicia civil.

El caso bien puede ser incluido en una selección de historias sobre cómo la elección del nombre puede determinar la vida de una persona. Una mujer de la región sufrió tantas burlas por la insólita decisión de su padre, que el solo pensar en que se pronunciara públicamente le provocaba un temor intenso.

 

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Las burlas y el bulling la llevaron a abandonar la escuela secundaria; y otros trámites simples para personas comunes, se convirtieron en una vergonzante barrera. Participar de un concurso de danzas; tramitar el pasaporte o la jubilación por ama de casa, se le hicieron imposible.

Hasta que decidió iniciar una acción en la Justicia de Familia para obtener una reparación. Allí se animó a contar cómo fue el insólito motivo de un nombre que le produjo tantos sinsabores. En la puerta del Registro Civil, el padre se encontró con un primo que lo desafió a inscribirla con un nombre inusual. Y el hombre aceptó el reto sin darse cuenta del abismo que iba a abrir a los pies de su hija recién nacida.

En su presentación judicial, contó que desde la infancia soportó burlas y humillaciones por su nombre. En la adolescencia dejó la escuela secundaria para evitar escucharlo en público. A los 16 años quiso cambiarlo, pero no pudo hacerlo sin la firma de sus padres.

 

Con el fallo judicial, la mujer podrá tramitar su DNI con el nombre que utilizó durante su vida adulta y con el que se identifica. Foto: archivo.

 

Durante décadas, evitó cualquier trámite que implicara mostrar su nombre legal. No tramitó pasaporte. No tuvo tarjetas de crédito. No accedió a determinados centros médicos porque su nombre aparecía en pantallas visibles. En su casamiento, el sacerdote lo pronunció varias veces, lo que convirtió ese momento en una experiencia dolorosa.

Contó que la mayoría de las personas la conocían como “A.”. Participó durante años en actividades vinculadas a la danza, aunque nunca se inscribió en una competencia por temor a ser nombrada en voz alta. Tampoco completó gestiones de la jubilación como ama de casa, por el rechazo que le generaba usar su nombre de nacimiento.

 

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En agosto de 2025, inició una acción judicial en Cipolletti para pedir que eliminaran los prenombres inscriptos por su padre y que, en su lugar, se reconociera el nombre que había usado durante toda su vida adulta. Acompañó la presentación con pruebas: capturas de pantalla de redes sociales, certificados de participación en eventos y testimonios sobre cómo la nombraban en su entorno.

Un equipo técnico interdisciplinario evaluó su solicitud. En el informe, una profesional señaló que la mujer asociaba sus prenombres con vergüenza y humillación, y que la modificación representaría para ella una forma simbólica de reparación. También indicó que el nombre elegido coincidía con la manera en que se presentaba ante los demás.

La Unidad Procesal del fuero de Familia de Cipolletti ordenó entonces eliminar los prenombres inscriptos al nacer y reemplazarlos por el nombre con el que la mujer construyó su identidad. Dispuso también la rectificación de su partida de nacimiento y la notificación a los organismos pertinentes.

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