CONFESIÓN
Araceli González contó el trauma que marcó su vida y le provocó miedo al agua
En una charla profunda y conmovedora con Mario Pergolini, Araceli González abrió su corazón, desvelando un fragmento desconocido e impactante de su vida que iluminó el trasfondo de una fobia que ha cargado por años. Con sinceridad y detalle, la actriz se sumergió en los recuerdos de su infancia, coloreando vivencias que explican el temor al agua que confesó durante su entrevista en Otro Día Perdido. Bajo el calor de los reflectores y en medio de una conversación aparentemente desaprensiva, surgió una confesión que sorprendió tanto a Pergolini como a sus oyentes. Es el respaldo de un evento traumático lo que articula la complicada relación que Araceli mantiene con el agua, una faceta de su vida de la que usualmente se guarda silencio.
La narración comenzó desde una infancia humilde, marcada por sacrificios económicos. Araceli recreó con palabras una escena de angustia, su voz teñida por tintas de remembranza. "Mi madre hacía mucho esfuerzo para pagarme la chapita que permitía el acceso a la piscina del club", relató, conectando con cada una de las madres que cuentan monedas para proporcionar a sus hijos el pasaporte a una normalidad anhelada. Este telón de fondo de escasez cobró dramatismo en un tenso giro del destino, cuando, en un día desafortunado, un simple juego se tornó sombrío. Araceli González fue empujada al agua por otro niño, sin saber nadar, enfrentándose al abismo de su peor pesadilla: el ahogamiento. Tal experiencia grava sus sentidos con un temor hacia el agua que, conscientemente o no, la acompañó durante años.
Pergolini, visible en su afán por comprender un tema delicado, indagó sobre las actuales implicancias de esa experiencia en la vida de Araceli González. "¿Nunca volviste a sumergirte, o vas a la playa tan tranquila?", preguntó, buscando respaldo para la curiosidad de los oyentes. Con una mezcla de melancolía y reconciliación, Araceli admitió que aquellos terrores persistieron, cerrándose en su mente como si hubieran sido ayer, y reflejándose cada vez que el agua, el mar, o las invitaciones a nadar surgían en su vida. Sin embargo, en un giro tan caprichoso como la vida misma, ese temor tuvo que ser confrontado nuevamente, ahora en un entorno profesional que no admitía evasivas.
Durante la filmación de 'Nano', junto a Gustavo Bermúdez, la trama del guion alineó a Araceli González cara a cara con su miedo más arraigado, obligándola a ingresar a un acuario repleto de delfines para grabar una escena fundamental. En este lienzo fílmico, su realidad se entremezcló con la ficción. Fue en aquel instante crítico donde Araceli experimentó la síntesis de temor y éxito, siendo 'acuatizada' en un proceso intensivo de acostumbramiento al movimiento y las olas generadas por los mamíferos marinos.
"Fue una inmersión intensa", recordó, bajando su mirada mientras relataba sus vivencias rodeada de aletas inquietas. Los delfines, por instinto, veían visitantes humanos como intrusos en su hogar líquido y reaccionaban con velocidad bajo el agua. Sin embargo, aquello que al inicio apareció como un desafío abrumador se transformó, gradualmente, en una vivencia de redención y liberación.
A pesar de la resistencia de su instinto primario, de una parte de sí misma inscripta con ese temor desde muy joven, la experiencia en la serie 'Nano' plantó semillas de transformaciones lentas pero profundas dentro de Araceli. "Aunque me tuvieron que acuatizar," dijo, imprimiendo una sonrisa en su rostro mientras desbordaba agradecimiento por el crecimiento personal que brota del dolor, "fue absolutamente hermoso". Entre gestos de sincera reflexión, Araceli apretó, una vez más, la idea de que la vida no se mide solo por las caídas, sino por la inusitada fortaleza desplegada al levantarse y seguir adelante.