Silvia Cabañares: un cumpleaños que no fue, una vida entre la calle y las adicciones
Es un día de tristeza y congoja para Flavia Currumil Un estado difícil de salir, con la muerte violenta de una hija. Pero este momento es especial. Una torta que no se preparó; un festejo que se pudo realizar; una ausencia que no se puede disimular. Silvia Cabañares habría cumplido 31 años, pero su vida se detuvo en un instante. Cuando un sujeto la golpeó a traición con una botella en la cabeza y luego, utilizando los restos, le cortó el cuello y la cara.
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Siguieron otros puntazos. Más de 17 contaron los médicos en la autopsia: en el torso, los brazos y las piernas. El primero ya había sido mortal. ¿Por qué tanto ensañamiento? Tal vez para que funcionara como aviso: esto puede pasarle a quienes no cumplen “algunas reglas”.
La vida de Silvia no fue fácil. Desde joven tuvo problemas con el consumo de estupefacientes y pasaba algunas temporadas en rehabilitación en el área de Salud Mental del Hospital Castro Rendón de Neuquén. Los médicos recordaron que se trataba de una paciente relativamente dócil, pero cuando entraba en crisis se ponía complicada.
Silvia Cabañares habría cumplido 31 años. Una vida difícil; un final trágico. Foto: archivo.
Tuvo un hijo muy joven, que quedó al cuidado de una abuela. Ella siguió yendo y viniendo en un camino sinuoso. Pasaba largas temporadas en situación de calle, alternando algunos pasajes en una vivienda en Valentina Sur con otras jornadas en las que dormía donde la alcanzara la noche. El Balneario Municipal fue uno de esos refugios; donde compartió la última cena, el 25 de agosto de 2023.
Esos consumos adictivos y su vida en la calle la volvieron una mujer extremadamente vulnerable. Tanto como para que algunos se sintieran con el derecho de utilizarla como “moneda de cambio”.
El 15 de mayo de 2023, un conocido la invitó un asado en un taller mecánico del barrio Confluencia. Lo que no sabía Silvia era las intenciones que tenían: la drogaron y luego la violaron en grupo. Rota como estaba, desarticulada, tuvo la valentía para denunciar a sus agresores. Ni la justicia ni la policía trabajaron con la celeridad que correspondía.
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Mientras se demoraba la investigación y se postergaba una pericia clave, como su propio testimonio en Cámara Gesel, Silvia recibía presiones de todo tipo para que retirara esa denuncia. Amenazas, visitas a su casa, el robo de su celular.
No la retiró; y el 26 de septiembre la asesinaron brutalmente. Un año después, sus violadores fueron enjuiciados y condenados a prisión.
La familia entiende que hay un vínculo entre aquella violación y el homicidio. Hoy solo hay un detenido, Gonzalo Segobia, sobre quien pesa la sospecha de ser uno de los responsables del ataque. Falta identificar a otros participantes, ya que se supone que esa noche había entre dos o tres personas. Restan encontrar elementos clave que conecten un hecho con otro. Y el tiempo se agota.