Llega el calor: consejos para usar los equipos de aire acondicionado y que la factura no te espante
Entre el 85 y el 90 por ciento de los hogares del país cuenta con un equipo para refrigerar los ambientes y dentro de ese conjunto, casi la mitad (48%) tiene un aire acondicionado. El consumo de electricidad se incrementa considerablemente durante el verano: en Río Negro la demanda en las viviendas aumenta en el orden del 30 por ciento.
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Cuando las temperaturas suben, los consumos comienzan a crecer. Para evitar sorpresas desagradables en la factura de la energía eléctrica, conviene tener en cuenta algunos consejos sobre el uso responsable.
Sebastián Busader, Jefe del Área de Comunicación y Relaciones Institucionales de Edersa, resaltó que una de las claves pasa por tener “artefactos con etiquetas de alta eficiencia (Clase A o B), que reduzcan considerablemente el gasto energético. Quizá la inversión inicial sea un poco más onerosa, pero esa diferencia se amortiza rápidamente en el tiempo con el descenso del consumo y en el monto de la facturación”.
Si las familias incorporan rutinas de mantenimiento regular de los equipos evitan sobrecargas o pérdidas que se traducen en mayor uso de electricidad. También es importante regular “la temperatura (de los equipos) a valores intermedios (entre 24° y 26°). Mantienen el confort en sus hogares y evitan altos consumos. Busader precisó que “que cada grado que bajamos del aire acondicionado (siempre dependiendo de su eficiencia) es equivalente a entre un 8 y un 10% de incremento en el consumo de ese aparato”.
El mantenimiento periódico de los equipos ayuda a no sobrecargar el consumo. Y de paso, no impacta en las facturas. Foto: archivo.
Otro hábito aconsejable en tiempos de altas temperaturas es alternar el uso de los ventiladores y los aires acondicionados. “La diferencia en el consumo es enorme: con el primero podemos consumir en un bimestre entre 32 y 35 kw/h, mientras que con el segundo (de 3500 frigorías), entre 540 y 600 kw/h. En términos económicos, el ahorro puede ser de entre 70.000 y 80.000 pesos en una factura”, remarcó Busader.
“Hay pequeñas acciones que de manera individual repercuten en términos colectivos. Por ejemplo, aprovechar al máximo la luz natural, y reducir así la iluminación artificial. Adaptar actividades a horarios diurnos optimiza los recursos y minimiza el gasto eléctrico, como también lo hace ‘combatir’ el consumo invisible. ¿Qué es? Es la demanda fantasma de artefactos enchufados que no estamos usando, como cargadores, televisores y pequeños electrodomésticos”, comentó Busader.