“Mataste a mi amigo; hacete cargo”
Hasta minutos antes del crimen, Agustín Troncoso estaba en su auto, un Corsa gris; con Nelson Bessi, un nuevo amigo; y un conocido, Agustín Ricardo Morales. Se encontraron en el río, estuvieron charlando, tomando cervezas y se volvieron a encontrar a la noche de ese fatídico 7 de diciembre. Era cerca de la medianoche y todo se aceleró. Morales se puso frenético y comenzó a golpear y saltar en el interior del auto.
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Troncoso le pidió primero que se calme; después le pidió que se baje; y por último se bajó y le abrió la puerta trasera. Empezó una discusión, hubo un par de puñetazos, y Morales sacó una cuchilla. La hoja tendría unos 20 centímetros de largo; y un ancho de 35 milímetros. Le tiró un par de puñaladas que dieron en las manos y el antebrazo. Hasta que asestó una mortal: todo el metal atravesó la carne, atravesó la arteria aorta y perforó el pulmón. Troncoso cayó al piso.
En ese momento, Bessi se bajó del auto. En sede judicial, relató que vio a su amigo tirado en el piso y corrió a auxiliarlo. Perdía mucha sangre y ya le costaba mucho respirar. Pidió auxilio, que llamaran a una ambulancia. Y le gritó a Morales: “mataste a mi amigo; hacete cargo”.
Según los médicos forenses, Troncoso tuvo una sobrevida de pocos minutos debido a la magnitud de la herida. El fiscal Martín Pezzetta relató que hubo otros testigos que vieron el momento del crimen: Jorge Jara y su hija Brenda, que viven en la casa más próxima al auto estacionado, presenciaron la secuencia de la pelea. También otro vecino, Arriaga, observó desde otra posición lo que ocurría.
Familiares y amigos de la víctima reclamaron justicia frente a la sede de Tribunales. Foto: Cipo360.
Lejos de hacerse cargo, Morales ni se inmutó. Sacó una mochila de adentro del auto y se alejó corriendo. No fue muy lejos. Según el abogado querellante, Lucas Dumigual, el sospechoso vivió entre las casas de su pareja, la de su madre y la de su abuelo. Las tres, en Costa Norte, dan hacia el río Neuquén. En un islote se había construido un refugio que permanecía semioculto desde la calle. Dicen que también tenía una especie de escondite construido bajo tierra, donde permanecía cuando le avisaban que venía la policía.
Dumigual precisó también que durante una semana, Morales estuvo escondido en una casa en el barrio Confluencia, de Neuquén. “Aprovechando que el río Neuquén está muy bajo, cruzó al otro lado y luego lo protegió alguien de su familia”, explicó.